¿Sabías que el Bautismo es el mejor regalo que un padre puede hacerle a su hijo? ¿Sabías que por este sacramento recibimos hermosos regalos espirituales de parte del Buen Dios, nuestro Padre del Cielo? En primer lugar, se nos borra el pecado original, que nos había cerrado las puertas a la vida eterna. Además, recibimos la gracia santificante, que nos hace partícipes de la vida divina. Y por la gracia nos convertimos en hijos de Dios, por adopción. Dios nos mira y ama como a hijos reales, y nos da el derecho de llamarlo «¡Padre!»
Y por si no fuera poco, el bautizado se convierte en templo y sagrario del Espíritu Santo y de toda la Trinidad. Esto es, Dios comienza a habitar en el alma no solo como Creador, sino como Padre y Amigo.
El Bautismo nos abre las puertas del Cielo. Pero para alcanzar la gloria eterna, es necesario llevar una vida cristiana coherente con los principios del Evangelio. Lo cierto es que no es fácil. Tenemos que luchar contra el pecado, contra nuestras malas inclinaciones, contra el demonio que nos quiere apartar de Dios. Debemos conquistar virtudes, hacer obras buenas, cumplir los mandamientos. Humanamente, parece imposible.
Sin embargo, el Espíritu Santo, que es el encargado de que lleguemos al Cielo, nos concede en el Bautismo las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y los siete dones del Espíritu Santo. Estos regalos ayudan al alma a crecer en santidad.
¿Y para qué sirven, en concreto, los dones del Espíritu Santo? Estos son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios que elevan las capacidades del alma al plano de lo divino y la hacen capaz de recibir y secundar con facilidad las mociones del propio Espíritu Santo. Precisamente, para ser santos, debemos imitar a Cristo, nuestro modelo, en la vida diaria. Sin embargo, muchas veces no sabemos cómo hacerlo. Para ello viene el Espíritu Santo en nuestro auxilio y nos da una serie de inspiraciones o mociones para orientarnos. Los dones del Espíritu Santo preparan al alma para escuchar, discernir y obedecer esas inspiraciones.
Sin un conocimiento y culto adecuado al Espíritu Santo, todos estos regalos recibidos en el Bautismo, como los dones del Espíritu Santo, corren el riesgo de quedar paralizados o debilitados o de perderse. Y de ese modo, dificulta que el alma alcance la madurez cristiana y su salvación corre peligro.
Por ello, si quieres saber más sobre el Espíritu Santo y todas las gracias que tiene reservadas para los bautizados, quédate atento. Publicaremos una serie de artículos sobre la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Para que así sea mejor conocido, más amado y escuchado. Un alma dócil y obediente a sus inspiraciones puede alcanzar la santidad con mayor facilidad y rapidez.
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Los Dones del Espíritu Santo y su significado
¿Qué son los dones del Espíritu Santo?
Como dijimos previamente, los dones del Espíritu Santo son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios en las potencias del alma para recibir y secundar con facilidad las mociones del propio Espíritu Santo al modo divino o sobrehumano. Son hábitos permanentes que el Espíritu Santo deposita en el alma con la gracia santificante y que permanecen en ella mientras el alma esté en gracia.
El primer gran don de Dios es el propio Espíritu Santo, que es el Amor mismo con que Dios se ama y nos ama, llamado por la liturgia «Altissimi donum Dei»: don del Dios Altísimo. De Él proceden todos los demás dones.
¿Cuál es la diferencia entre dones, virtudes, frutos y bienaventuranzas?
deSon cuatro realidades distintas pero profundamente relacionadas en la vida sobrenatural:
- Las virtudes infusas disponen el alma para obrar sobrenaturalmente según el dictamen de la razón iluminada por la fe, pero al modo humano.
- Los dones del Espíritu Santo disponen el alma para ser movida directamente por el Espíritu Santo. Esto es, al modo divino.
- Los frutos son los actos exquisitos que brotan cuando el alma coopera dócilmente con los dones.
- Las bienaventuranzas son los frutos más perfectos y acabados, tan perfectos que todas las bienaventuranzas son frutos, pero no todos los frutos son bienaventuranzas.
Aquí puedes ver una síntesis:
| Virtudes infusas | Dones del Espíritu Santo | Frutos | Bienaventuranzas | |
|---|---|---|---|---|
| Qué son | Hábitos operativos sobrenaturales | Hábitos para recibir mociones divinas | Actos exquisitos de virtud | Actos más perfectos y acabados |
| Quién mueve | El hombre como causa principal | El Espíritu Santo como causa única | El alma que coopera con el don | El alma en máxima cooperación |
| Modo | Humano-sobrenatural | Divino o sobrehumano | Suave y dulce | Perfectísimo y heroico |
| Analogía | Las raíces del árbol | Las ramas | Los frutos | Los frutos más maduros |
¿En qué parte aparecen los dones del Espíritu Santo en la Biblia?
El texto bíblico fundamental es Isaías 11, 1-3:
«Y brotará una vara del tronco de Jesé, y retoñará de sus raíces un vástago, sobre el que reposará el espíritu de Yahvé: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Yahvé».
Este texto es claramente mesiánico. Los Santos Padres y la propia Iglesia lo extienden también a los fieles de Cristo en virtud del principio paulino: «A los que de antes conoció, a esos los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo» (Rm 8, 29). Todo cuanto hay de perfección en Cristo, si es comunicable, se encuentra también en sus miembros unidos a Él por la gracia.
La Iglesia habló expresamente de los dones del Espíritu Santo en el sínodo romano del año 382 bajo el Papa San Dámaso, los incluye en la liturgia de Pentecostés con el himno Veni Creator y la secuencia Veni, Sancte Spiritus y los menciona en la administración solemne de la Confirmación. El Papa León XIII los expuso magistralmente en su encíclica Divinum illud munus.
¿Cuántos son los dones del Espíritu Santo?
Son siete: sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios.
El texto masorético de Isaías enumera seis, porque repite al final el don de temor. La versión de los Setenta y la Vulgata latina enumeran siete, porque añaden el don de piedad. La divergencia de los dones del Espíritu Santo procede de la doble traducción que admite la palabra hebrea yira’t, que puede traducirse como temor o piedad.
San Ambrosio y San Agustín insisten en que el número siete tiene aquí un valor de plenitud, dado que todo el cúmulo de dones deseables moraba en el Mesías. Sería temerario proponer nombres distintos de los siete que la tradición ha transmitido unánimemente.
¿Cuál es la naturaleza de los dones del Espíritu Santo?
La definición teológica clásica es esta:
«Los dones del Espíritu Santo son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios en las potencias del alma para recibir y secundar con facilidad las mociones del propio Espíritu Santo al modo divino o sobrehumano».
Desglosada palabra por palabra por Fray Antonio Royo Marín, en su obra El Gran Desconocido:
- Hábitos sobrenaturales: El texto de Isaías dice que los dones «reposarán» sobre el Mesías, lo que indica permanencia habitual. El Espíritu Santo nunca está en el alma sin sus dones.
- Infundidos por Dios: Son realidades sobrenaturales que el alma no puede adquirir por sus propias fuerzas, pues trascienden infinitamente el orden puramente natural.
- En las potencias del alma: Residen en las facultades operativas del alma, igual que las virtudes infusas, cuyo acto sobrenatural viene a perfeccionar.
- Para recibir y secundar con facilidad: lo propio de los hábitos es perfeccionar las potencias para recibir y secundar con facilidad la moción del agente que los mueva.
- Las mociones del propio Espíritu Santo: el Espíritu Santo actúa como causa motora y principal directa, a diferencia de las virtudes infusas, por las que el hombre mismo actúa como causa motora principal.
- Al modo divino o sobrehumano: Esta es la diferencia fundamental: los actos procedentes de los dones del Espíritu Santo son incomparablemente más perfectos que los procedentes de las virtudes infusas.
¿Cómo es la moción divina de los dones del Espíritu Santo?
Este es el punto más importante y más difícil de la doctrina de los dones del Espíritu Santo. La moción divina de los dones es esencialmente distinta de la moción que activa las virtudes infusas.
En las virtudes infusas:
- Dios actúa como causa principal primera.
- El hombre actúa como causa principal segunda, enteramente subordinada a la primera.
- Los actos son totalmente del hombre porque parten de su razón y libre albedrío.
- El modo de obrar es humano-sobrenatural.
En los dones del Espíritu Santo:
- Dios actúa como causa principal única.
- El hombre pasa a la categoría de causa instrumental porque es consciente y libre, pero instrumental.
- Los actos son materialmente humanos, pero formalmente divinos.
- El modo de obrar es divino o sobrehumano.
El P. Royo Marín usa una imagen preciosa para explicarlo: es como la melodía que un artista arranca de su arpa: materialmente es del arpa, pero formalmente es del artista que la maneja.
¿Qué papel tiene la libertad bajo la moción de los dones del Espíritu Santo?
- La pasividad del alma es solo relativa solo respecto a la iniciativa del acto, que corresponde exclusivamente al Espíritu Santo.
- Una vez recibida la divina moción, el alma reacciona activamente y se asocia a ella con toda la fuerza de su libre albedrío.
- Esto salva la libertad y el mérito bajo la acción donal.
- Tanto más perfecta resulta la acción cuanto el alma secunda con mayor docilidad la moción divina, sin torcerla con iniciativas puramente humanas.
¿Por qué son necesarios los dones del Espíritu Santo?
Los dones del Espíritu Santo son necesarios por dos razones fundamentales, que el P. Royo Marín expone con rigor:
1. Para la perfección de las virtudes infusas
- Las virtudes infusas son hábitos divinos que residen en potencias humanas.
- Según el aforismo teológico: «lo que se recibe, se recibe al modo del recipiente».
- Las virtudes infusas, al recibirlas el alma humana, quedan rebajadas y adquieren el modo humano. Están como «ahogadas» en esa atmósfera humana.
- Por eso un pecador que se arrepiente y confiesa vuelve fácilmente a sus pecados, a pesar de haber recuperado todas las virtudes infusas con la gracia.
- Los dones del Espíritu Santo vienen a proporcionar a las virtudes infusas la atmósfera divina que necesitan para desarrollar toda su virtualidad sobrenatural.
- Sin el régimen predominante de los dones es imposible llegar a la perfección cristiana.
2. Para la propia salvación
- La naturaleza humana está herida por el pecado original e inclinada al mal.
- En tentaciones graves e imprevistas donde el pecado o el heroísmo se decide en un instante, el razonamiento humano es demasiado lento.
- En esas situaciones el alma necesita moverse «como por instinto sobrenatural», en otras palabras, bajo la moción de los dones del Espíritu Santo.
- Sin esa moción, la caída sería casi segura dado el peso de la concupiscencia.
- Basta que estas situaciones puedan producirse alguna vez para concluir que la actuación de los dones es necesaria incluso para la salvación eterna.
Los 7 dones del Espíritu Santo explicados
1. Don de Temor de Dios
¿Cuál es la naturaleza del don de temor?
- Es el primero en la escala jerárquica de los dones del Espíritu Santo, ya que es la base para los demás.
- Se define como un hábito sobrenatural por el cual el justo, bajo el instinto del Espíritu Santo, adquiere una docilidad especial para apartarse del pecado y someterse a la voluntad divina, porque se siente dominado por un sentimiento reverencial hacia la majestad de Dios.
- No es temor mundano (que evita males temporales antes que ofender a Dios) ni temor servil (que evita el pecado solo por miedo al castigo).
- Es temor filial perfecto: el temor propio de un hijo que ama a su padre y evita desobedecerle para no disgustarle, ya que se funda en la caridad y la reverencia.
- Su modo deiforme tiene su ejemplar en la santidad infinita de Dios y su alejamiento total de todo mal. El Espíritu Santo transmite al alma algo de la detestación infinita que Dios tiene hacia el pecado.
¿Por qué es importante el don de temor?
- Perfecciona la esperanza, porque arranca de raíz la presunción al dar un sentimiento de radical impotencia ante Dios.
- Refuerza la templanza, al frenar la tendencia desordenada hacia los placeres por miedo reverencial a ofender a Dios.
- Eleva la religión a su máxima perfección, llenándola de la reverencia que los propios ángeles experimentan ante la majestad divina.
- Perfecciona la humildad, sumergiendo al alma en el abismo de su nada frente al todo de Dios.
¿Cuáles son los efectos del don de temor en el alma?
- Adoración profunda: un vivo sentimiento de la grandeza de Dios que sumerge al alma en la sumisión y el acatamiento de su voluntad.
- Horror al pecado: una vivísima contrición al comprender la malicia de cualquier ofensa a Dios, por pequeña que parezca.
- Vigilancia extrema: atención constante para evitar incluso las menores ocasiones de pecado.
- Desprendimiento perfecto: considerar como «basura» todas las grandezas y riquezas de la tierra tras haber vislumbrado la majestad divina.
¿Qué bienaventuranzas y frutos se derivan del don de temor?
- Bienaventuranza principal: «Bienaventurados los pobres de espíritu» (Mt 5, 3). La reverencia filial impulsa a no buscar engrandecimiento propio en honores ni riquezas.
- Bienaventuranza secundaria: «Bienaventurados los que lloran». El conocimiento de la propia miseria lleva al llanto por los errores pasados.
- Frutos del Espíritu Santo: modestia (fruto de la reverencia ante Dios), continencia y castidad (derivadas del encauzamiento de las pasiones)
¿Cuáles son los vicios opuestos al don de temor?
- Soberbia: se opone directamente porque el don de temor la excluye de raíz al hacer sentir al hombre su propia nada ante Dios.
- Presunción: se opone indirectamente al injuriar la justicia divina por confiar desordenadamente en la misericordia.
¿Cómo fomentar el don de temor?
- Meditar en la grandeza de Dios: reflexionar sobre su poder creador y majestad absoluta.
- Trato reverente: acostumbrarse a tratar a Dios como Padre pero con profundo respeto, evitando familiaridades excesivas.
- Horror al pecado: considerar la malicia de la ofensa divina.
- Mansedumbre y humildad: tratar al prójimo con delicadeza, viéndolos como hermanos en Cristo.
- Invocación frecuente: pedir al Espíritu Santo el temor reverencial mediante oraciones y jaculatorias.
2. Don de Fortaleza
¿Cuál es la naturaleza del don de fortaleza?
- Se define como un hábito sobrenatural que robustece al alma para practicar, por instinto del Espíritu Santo, virtudes heroicas con una confianza invencible de superar cualquier peligro o dificultad.
- A diferencia de la virtud de la fortaleza, que actúa al modo humano y no siempre quita el temor, el don actúa al modo divino, porque se apoya en la omnipotencia divina que proporciona una seguridad inquebrantable.
- Permite superar obstáculos que parecen imposibles humanamente, como se vio en los apóstoles tras Pentecostés, al recibir la efusión de los dones del Espíritu Santo.
¿Por qué es importante el don de fortaleza?
- Las virtudes infusas de por sí quedan «ahogadas» en la atmósfera humana. El don les proporciona el «aire divino» necesario para su pleno desarrollo.
- En tentaciones repentinas y violentas donde el pecado o el heroísmo se decide en un instante, el razonamiento humano es demasiado lento, por lo que se requiere el instinto sobrenatural del don de fortaleza.
- Es necesario para combatir victoriosamente las pasiones internas, las seducciones del mundo y los asaltos del demonio.
¿Cuáles son los efectos del don de fortaleza en el alma?
- Energía inquebrantable: determinación total para no detenerse en el camino de la santidad, suceda lo que sucediere.
- Destrucción de la tibieza: eliminación de la flojedad y la desidia en el servicio de Dios.
- Intrepidez ante el peligro: valentía ante cualquier enemigo.
- Gozo en el sufrimiento: capacidad de soportar los mayores dolores con alegría sobrenatural, como en los mártires o Santa Teresita.
- Heroísmo de lo pequeño: fuerza para ser obstinadamente fiel al deber cotidiano en sus más mínimos detalles.
¿Qué bienaventuranzas y frutos se derivan del don de fortaleza?
- Bienaventuranza: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia (santidad)» (Mt 5, 6). Solo una fortaleza divina permite desear la santidad con tal ímpetu y constancia.
- Frutos del Espíritu Santo: paciencia (para sufrir males con heroísmo) y longanimidad (para perseverar en el bien a pesar de la dilación de los resultados).
¿Cuáles son los vicios opuestos al don de fortaleza?
- Timidez o temor desordenado: impide emprender grandes cosas por Dios por miedo a las dificultades.
- Flojedad: nacida del amor a la propia comodidad, que busca evitar la abyección y el dolor.
¿Cómo fomentar el don de fortaleza?
- Cumplimiento exacto del deber: esforzarse en lo que uno puede con la gracia ordinaria. Dios no suele dar el don para premiar la pereza.
- No pedir que se quite la cruz: en lugar de quejarse por las pruebas, pedir fuerza para sobrellevarlas santamente.
- Mortificaciones voluntarias: practicar pequeños vencimientos diarios para que el alma no tiemble ante el dolor.
- Recurrir a la Eucaristía: buscar en la comunión el «pan de los fuertes» para recibir la fortaleza de Cristo.
3. Don de Piedad
¿Cuál es la naturaleza del don de piedad?
- Se define como un hábito sobrenatural infundido por Dios para excitar en la voluntad, por instinto del Espíritu Santo, un afecto filial hacia Dios como Padre y un sentimiento de fraternidad universal hacia todos los hombres como hermanos e hijos del mismo Padre.
- Reside en la voluntad.
- A diferencia de la virtud de la piedad — que opera al modo humano — el don actúa al modo divino, con una perfección y delicadeza incomparablemente mayores.
- Es el don que comunica al alma el espíritu de la familia de Dios.
¿Por qué es importante el don de piedad?
- Es absolutamente necesario para llevar a la perfección heroica las virtudes de justicia, religión y piedad.
- Sin él, el servicio a Dios puede realizarse por deber; el don hace que se cumpla sin esfuerzo, como el servicio amoroso de un hijo a su padre.
- Es indispensable para que las virtudes infusas alcancen su pleno desarrollo, permitiendo al alma ver en toda la creación la «casa del Padre».
¿Cuáles son los efectos del don de piedad en el alma?
- Ternura filial hacia Dios: una dulce vivencia del «Abbá, Padre». En santos como Santa Teresita provocaba lágrimas de amor al rezar el Padrenuestro.
- Adoración de la paternidad divina: el alma se abisma en la contemplación del misterio de la generación eterna del Verbo.
- Abandono filial: paz inalterable y confianza total en los brazos del Padre, sin pedir ni rechazar nada fuera de su voluntad.
- Fraternidad universal: ver en cada prójimo a un hermano en Cristo, con impulso a obras de misericordia heroicas realizadas con naturalidad.
- Devoción a lo sagrado: amor tierno hacia la Virgen María como Madre, los ángeles y santos como hermanos mayores, el Papa, los superiores y las almas del purgatorio.
¿Qué bienaventuranzas y frutos se derivan del don de piedad?
- Bienaventuranzas: los mansos (la mansedumbre facilita el ejercicio de la piedad), los que tienen hambre y sed de justicia (el don perfecciona esta virtud) y los misericordiosos (la piedad se manifiesta en la compasión hacia el hermano).
- Frutos del Espíritu Santo: directamente, bondad y benignidad; indirectamente, mansedumbre.
¿Cuáles son los vicios opuestos al don de piedad?
- Impiedad: el quebrantamiento voluntario del deber filial hacia Dios.
- Dureza de corazón: nace del amor desordenado a uno mismo, que vuelve al alma insensible a los intereses de Dios y a las miserias del prójimo. Se manifiesta en la incapacidad de llorar los pecados.
¿Cómo fomentar el don de piedad?
- Cultivar el espíritu de hijos adoptivos: recordar constantemente que Dios es Padre y acudir a Él con confianza y abandono.
- Cultivar la fraternidad universal: tratar a todos los hombres como verdaderos hermanos en Cristo.
- Ver a Dios en la creación: considerar que todo lo que existe pertenece a la «casa del Padre».
- Practicar el abandono total: aceptar con indiferencia y amor lo que Dios disponga o permita.
4. Don de Consejo
¿Cuál es la naturaleza del don de consejo?
- Se define como un hábito sobrenatural por el cual el alma, bajo la inspiración directa del Espíritu Santo, intuye instantáneamente lo que conviene hacer en casos particulares en orden al fin último sobrenatural.
- Perfecciona la virtud de la prudencia.
- A diferencia de la prudencia — que razona y discurre de forma lenta — el don de consejo actúa por instinto divino, proporcionando soluciones rápidas y seguras.
- El Espíritu Santo actúa como causa motora única; el alma colabora como causa instrumental.
¿Por qué es importante el don de consejo?
- Es uno de los dones del Espíritu Santo indispensables en situaciones imprevistas y difíciles donde el pecado o el heroísmo se deciden en un instante y el razonamiento humano sería demasiado lento.
- Permite conciliar virtudes aparentemente opuestas: la suavidad con la firmeza, la prudencia de la serpiente con la sencillez de la paloma.
- Se manifiesta en el Evangelio en el silencio de Jesús ante Herodes, su respuesta sobre el tributo al César o el juicio de Salomón.
¿Cuáles son los efectos del don de consejo en el alma?
- Preservación de una falsa conciencia: evita que el alma se autoengañe o use principios morales para justificar caprichos personales.
- Seguridad en la duda: resuelve con acierto situaciones difíciles, como ocurre frecuentemente en el confesionario con directores espirituales santos.
- Acierto en el gobierno: inspira a superiores y directores los medios más oportunos para guiar a otros con justicia y caridad.
- Docilidad extrema: paradójicamente, el alma movida por este don es la más inclinada a consultar y obedecer a los superiores, pues el Espíritu Santo le inspira que Dios gobierna a los hombres por medio de otros hombres.
¿Qué bienaventuranzas y frutos se derivan del don de consejo?
- Bienaventuranza: «Bienaventurados los misericordiosos» (Mt 5, 7) — nada es tan útil para la propia salvación como el ejercicio de la misericordia.
- Frutos del Espíritu Santo: bondad y benignidad.
¿Cuáles son los vicios opuestos al don de consejo?
- Precipitación: obrar por impulso natural sin consultar al Espíritu Santo.
- Temeridad: falta de atención a las luces de la fe por excesiva confianza en uno mismo.
- Lentitud excesiva: no ejecutar con rapidez lo que el Espíritu Santo ya ha dictado como conveniente.
¿Cómo fomentar el don de consejo?
- Humildad profunda: reconocer la propia ignorancia y pedir incesantemente las luces del cielo.
- Reflexión y calma: no proceder con apresuramiento, por el contrario, hacer lo que uno puede naturalmente mientras espera el auxilio divino.
- Silencio interior: acallar los ruidos del mundo y las pasiones para escuchar la voz del «Maestro interior».
- Obediencia y docilidad: someterse fielmente al juicio de los superiores y del director espiritual.
5. Don de Ciencia
¿Cuál es la naturaleza del don de ciencia?
- Se define como un hábito sobrenatural infundido por Dios con la gracia santificante, que reside en el entendimiento y permite juzgar rectamente las cosas creadas en relación con Dios.
- A diferencia de la ciencia humana (adquirida por raciocinio natural) o la teología (que discurre sobre la revelación), el don juzga la creación por instinto divino o connaturalidad.
- Su función propia es el recto juicio de las criaturas. Se distingue de otros dones del Espíritu Santo, como el de entendimiento (que intuye la verdad) y el de sabiduría (que juzga las cosas divinas).
- Constituye lo que se llama la «ciencia de los santos».
¿Por qué es importante el don de ciencia?
- Indispensable para que la fe alcance su pleno desarrollo práctico.
- Sin él, el alma corre el riesgo de dejarse seducir por el encanto de las criaturas por perder de vista su nexo con el mundo sobrenatural.
- Proporciona un instinto sobrenatural para descubrir el valor, utilidad o peligro de las cosas creadas en orden a la vida eterna.
¿Cuáles son los efectos del don de ciencia en el alma?
- Recto juicio de las criaturas: enseña a experimentar el vacío y la nada de la criatura frente a Dios, descubriendo al mismo tiempo la huella del Creador en la naturaleza.
- Guía en la fe: permite discernir instintivamente si una doctrina o devoción sintoniza con la fe o se opone a ella.
- Conocimiento propio: hace ver con prontitud el estado del alma y los movimientos secretos del corazón.
- Dirección del prójimo: inspira a predicadores y directores las palabras más oportunas para guiar a otros hacia Dios.
- Desprendimiento y uso santo: enseña a valorar las criaturas como «basura» frente a Dios y a usarlas como palanca para elevarse hacia Él.
- Arrepentimiento: al descubrir la vanidad de lo creado y la malicia del pecado, llena al alma de vivísima contrición.
¿Qué bienaventuranzas y frutos se derivan del don de ciencia?
- Bienaventuranza: «Bienaventurados los que lloran» (Mt 5, 5) — el alma llora al reconocer sus pasados abusos de las criaturas, pero recibe el premio de la consolación espiritual al ordenarlas debidamente a Dios.
- Frutos del Espíritu Santo: la fe (fides) — como certeza especial sobre las verdades sobrenaturales — y el gozo espiritual (gaudium).
¿Cuáles son los vicios opuestos al don de ciencia?
- Ignorancia espiritual culpable: cuando el hombre se deja absorber voluntariamente por las cosas vanas o las ciencias humanas sin moderación.
- Soberbia intelectual: confiar excesivamente en el propio ingenio, impidiendo las ilustraciones del Espíritu Santo.
¿Cómo fomentar el don de ciencia?
- Meditar en la vanidad de lo terreno: reflexionar sobre la fragilidad y escasa duración de las cosas creadas.
- Relacionar todo con Dios: acostumbrarse a ver la huella del Creador en la belleza de las criaturas.
- Oponerse al espíritu del mundo: rechazar los juicios torcidos de la sociedad que pone su felicidad en lo temporal.
- Ver la Providencia: esforzarse por descubrir la mano de Dios en todos los acontecimientos, prósperos o adversos.
- Pureza de corazón: guardar los sentidos y cumplir exactamente los deberes para atraer las iluminaciones de lo alto.
6. Don de Entendimiento
¿Cuál es la naturaleza del don de entendimiento?
- Se define como un hábito sobrenatural, infundido por Dios con la gracia santificante, por el cual la inteligencia del hombre, bajo la acción iluminadora del Espíritu Santo, se hace apta para una penetrante intuición de las cosas reveladas y naturales en orden al fin último.
- A diferencia de la virtud de la fe — que opera al modo humano, lento y discursivo — como el resto de los dones del Espíritu Santo, actúa al modo divino: intuitivo y rápido.
- Su función específica es la simple aprehensión o penetración de la verdad, sin emitir juicios. Esto lo distingue de los dones de sabiduría, ciencia y consejo, que sí implican un juicio sobre lo aprehendido.
¿Por qué es importante el don de entendimiento?
- El conocimiento humano es por naturaleza discursivo e incapaz de captar la simplicidad absoluta de Dios.
- Sin este don, la fe permanece siempre en un estado imperfecto y «ahogado» por la atmósfera humana.
- Es necesario para alcanzar la fe pura y la contemplación mística, porque permite que el entendimiento se una a Dios.
¿Cuáles son los efectos del don de entendimiento en el alma?
- Ver la sustancia bajo los accidentes: percibir la realidad divina oculta, por ejemplo, bajo los velos eucarísticos.
- Descubrir el sentido de las Escrituras: entender profundamente la Palabra de Dios.
- Captar el significado de las figuras: ver realidades espirituales a través de símbolos y ceremonias litúrgicas.
- Intuición de causas y efectos: ver a Dios y su Providencia en todos los acontecimientos del mundo.
- Ver a Dios «en cierto modo»: purifica tanto el «ojo del espíritu» que permite una vivencia de Dios tan clara que se acerca a la visión intuitiva ya en esta vida.
¿Qué bienaventuranzas y frutos se derivan del don de entendimiento?
- Bienaventuranza: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5, 8). El don depura la mente de errores y fantasmas corporales para permitir esa visión espiritual.
- Frutos del Espíritu Santo: la fe (fides) — como certeza absoluta en lo creído — y el gozo espiritual (gaudium).
¿Cuáles son los vicios opuestos al don de entendimiento?
- Ceguera espiritual: privación total de la visión de los bienes divinos, causada frecuentemente por la lujuria.
- Embotamiento del sentido espiritual: debilitamiento de la vista interior para las cosas del espíritu, provocado por la gula y la inmersión excesiva en lo sensible.
¿Cómo fomentar el don de entendimiento?
- Avivar la fe: practicar intensamente los actos de fe con la gracia ordinaria.
- Pureza de alma y cuerpo: mantener una limpieza de corazón absoluta para atraer la luz divina.
- Recogimiento interior: buscar el silencio y la soledad para escuchar al «Maestro interior».
- Fidelidad a la gracia: no negar al Espíritu Santo ningún sacrificio y seguir sus mociones con docilidad.
- Invocación frecuente: pedir el don mediante el Veni Creator o el Veni, Sancte Spiritus.
7. Don de Sabiduría
¿Cuál es la naturaleza del don de sabiduría?
- Es el más perfecto y excelente de todos los dones del Espíritu Santo, el encargado de llevar a la caridad a su última perfección.
- Se define como un hábito sobrenatural, inseparable de la caridad, por el cual el alma juzga rectamente de Dios y de las cosas divinas por sus últimas y altísimas causas.
- Bajo el instinto del Espíritu Santo, permite saborear a Dios por una especie de connaturalidad o simpatía divina (sabiduría viene de saber y sabor).
- A diferencia de los dones de ciencia o entendimiento, su función es emitir un juicio sabroso sobre Dios mismo.
¿Por qué es importante el don de sabiduría?
- Es absolutamente indispensable para que la caridad alcance su pleno desarrollo.
- Sin él, la caridad actúa al «modo humano», mantenida «ahogada» por la regulación de la razón y las mezquindades humanas.
- Le proporciona a la caridad la atmósfera divina necesaria para volar a las alturas de la mística y la santidad heroica.
¿Cuáles son los efectos del don de sabiduría en el alma?
- Sentido de eternidad: los santos juzgan todo — desde un insulto hasta un gran suceso — desde el punto de vista de Dios y su Providencia, perdiendo el instinto de lo puramente humano.
- Vivencia de los misterios: permite penetrar en las profundidades de la divinidad con una mirada «a la manera de Dios», porque participa de su propio modo de conocer.
- Sociedad con la Trinidad: el alma vive en unión íntima y permanente con las tres Personas divinas, incluso en medio de las ocupaciones diarias.
- Heroísmo en la caridad: produce una muerte total al egoísmo, amando a Dios por su bondad infinita y al prójimo con abnegación sobrehumana.
- Perfección de las virtudes: da a todas las demás virtudes el último rasgo de hermosura y acabado divino.
¿Qué bienaventuranzas y frutos se derivan del don de sabiduría?
- Bienaventuranza: «Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9). La sabiduría ordena todas las cosas y produce la paz
- Frutos del Espíritu Santo: principalmente caridad, gozo espiritual y paz.
¿Cuáles son los vicios opuestos al don de sabiduría?
- Estulticia o necedad espiritual: embotamiento del sentido espiritual que impide juzgar las cosas según Dios. Nace frecuentemente de la lujuria.
- Fatuidad: incapacidad total de discernir lo divino en casos más graves.
- Ira: ofusca la mente e impide el juicio sereno desde Dios.
¿Cómo fomentar el don de sabiduría?
- Ver todo desde Dios: descubrir la mano de Dios en cada acontecimiento, superando las causas segundas.
- Combatir la sabiduría del mundo: rechazar la búsqueda de honores y alabanzas, abrazar la «locura» de la cruz.
- Desprendimiento de lo terreno: no aficionarse excesivamente a las cosas del mundo — incluso las buenas como la ciencia — para no estragar el paladar espiritual.
- No apegarse a los consuelos: buscar al Dios de los consuelos y no los consuelos de Dios, estando dispuestos a servirle tanto en la aridez como en el gozo.
Tabla resumen: los 7 dones del Espíritu Santo
| Don | Virtud perfeccionada | Bienaventuranza | Frutos principales |
|---|---|---|---|
| Temor de Dios | Esperanza, templanza, religión, humildad | Pobres de espíritu | Modestia, continencia, castidad |
| Fortaleza | Fortaleza | Hambre y sed de justicia | Paciencia, longanimidad |
| Piedad | Justicia, religión, piedad | Mansos, misericordiosos | Bondad, benignidad, mansedumbre |
| Consejo | Prudencia | Misericordiosos | Bondad, benignidad |
| Ciencia | Fe | Los que lloran | Fidelidad, gozo espiritual |
| Entendimiento | Fe | Limpios de corazón | Fidelidad, gozo espiritual |
| Sabiduría | Caridad | Pacíficos | Caridad, gozo, paz |
Oración para pedir los Dones del Espíritu Santo
Pidamos a diario los dones del Espíritu Santo. Podemos hacerlo rezando esta u otra oración similar:
Ven, Espíritu Creador, visita las almas de los fieles; e inunda con tu gracia los corazones que Tú creaste.
Espíritu de Sabiduría, que conoces mis pensamientos más secretos, y mis deseos más íntimos, buenos y malos; ilumíname y hazme conocer lo bueno para obrarlo, y lo malo para detestarlo sinceramente.
Intensifica mi vida interior, por el don de Entendimiento.
Aconséjame en mis dudas y vacilaciones, por el don de Consejo.
Dame la energía necesaria en la lucha contra mis pasiones, por el don de Fortaleza.
Envuelve todo mi proceder en un ambiente sobrenatural, por el don de Ciencia.
Haz que me sienta hijo tuyo en todas las vicisitudes de la vida, y acuda a Ti, cual niño con afecto filial, por el don de Piedad.
Concédeme que Te venere y Te ame cual lo mereces; que ande con cautela en el sendero del bien, guiado por el don del santo Temor de Dios; que tema el pecado más que ningún otro mal; que prefiera perderlo todo antes que tu gracia; y que llegue un día a aquella feliz morada, donde Tú serás nuestra Luz y Consuelo, y, cual tierna madre; enjugas “toda lágrima de nuestros ojos”, donde no hay llanto ni dolor alguno, sino eterna felicidad. Así sea.
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¿Qué son los dones del Espíritu Santo?
Los dones del Espíritu Santo son siete hábitos sobrenaturales infundidos por Dios en las potencias del alma junto con la gracia santificante, para que el alma pueda recibir y secundar con facilidad las mociones del Espíritu Santo al modo divino. El Catecismo de la Iglesia Católica los describe como «disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo» (CEC 1830).
¿Cuáles son los 7 dones del Espíritu Santo?
Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios. Provienen del texto profético de Isaías 11, 1-3 y han sido transmitidos unánimemente por toda la tradición teológica y magisterial de la Iglesia.
¿Dónde aparecen los dones del Espíritu Santo en la Biblia?
Los dones del Espíritu Santo aparecen en Isaías 11, 1-3, donde el profeta describe los dones que reposarán sobre el Mesías. San Pablo habla del Espíritu Santo y sus efectos en Romanos 8 y 1 Corintios 12. El Evangelio de Juan recoge las promesas de Jesús sobre el Paráclito (Jn 14-16), y los Hechos de los Apóstoles muestran los efectos de Pentecostés sobre los apóstoles.
¿Cuál es la diferencia entre los dones del Espíritu Santo y las virtudes?
Las virtudes infusas mueven al alma al modo humano porque el hombre actúa como causa principal bajo la moción de Dios. Los dones mueven al alma al modo divino ya que el Espíritu Santo actúa como causa principal única, mientras el alma coopera como instrumento consciente y libre. Por eso los actos procedentes de los dones son incomparablemente más perfectos que los de las virtudes.
¿Cuándo se reciben los dones del Espíritu Santo?
Los dones del Espíritu Santo se reciben en el Bautismo junto con la gracia santificante y las virtudes infusas. Se fortalecen y desarrollan en la Confirmación. Permanecen en el alma mientras esta está en gracia de Dios , por lo que se pierden con el pecado mortal y se recuperan con la conversión y la Confesión.
¿Cuál es el más importante de los dones del Espíritu Santo?
De todos los dones del Espíritu Santo, el de sabiduría es el más perfecto y excelente, por ser el encargado de llevar a la caridad — el más grande de todos los bienes sobrenaturales — a su última perfección. El temor, en cambio, es la base y el fundamento de todos los demás, pues la reverencia ante la majestad de Dios es la condición para recibir todos los demás dones del Espíritu Santo.
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