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Oración a la Virgen de los Dolores: 5 Plegarias

por Mariana Manzanares | Fiestas Litúrgicas

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¿Alguna vez te has preguntado qué siente una madre que ve la muerte de su hijo inocente? ¿Y qué sentiría si ese hijo fuera, además, su Dios? Desde los primeros siglos, los cristianos se han hecho esta pregunta. Movidos por la compasión ante el sufrimiento de la Santísima Virgen, han escrito meditaciones y oraciones para reflexionar sobre su dolor e implorar su auxilio frente a las propias cruces.

La oración a la Virgen de los Dolores es la plegaria con la que la Iglesia acompaña a María en los sufrimientos que vivió unida a la Pasión de Cristo, desde la profecía de Simeón en el Templo hasta la sepultura de Jesús. Quien reza a la Dolorosa aprende a mirar la cruz con los ojos de la Madre.

En este artículo encontrarás qué es la devoción a la Virgen de los Dolores, cómo nació, por qué conviene rezarle y siete oraciones completas de la tradición católica. 

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La Devoción a la Virgen de los Dolores

La devoción a la Virgen de los Dolores contempla a María como Mater Dolorosa, es decir, la Madre que padeció en su alma los sufrimientos de su Hijo. La Iglesia llama a esta participación compassio Mariae, del latín cum-patior, «padecer con otro». La palabra designa algo más hondo que la lástima: una unión libre y amorosa de la Virgen con el sacrificio de Cristo. Toda oración a la Virgen de los Dolores nace de esta contemplación.

El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) enseña que Jesús asocia a su sacrificio redentor a quienes son sus primeros beneficiarios, y que esto se realiza de modo supremo en su Madre (CEC 618). Más adelante afirma que la unión de María con Cristo se manifiesta de manera particular en la hora de la Pasión (CEC 964).

¿Por qué se representa a la Virgen con una espada en el corazón?

Los sufrimientos de la Santísima Virgen comenzaron el mismo día de la Anunciación. María conocía perfectamente las profecías sobre el sufrimiento del Mesías y por ese motivo era plenamente consciente de todo lo que su Hijo debía padecer.  

Además, esta certeza se confirmó cuarenta días después del nacimiento de Jesús. María y José lo presentaron en el Templo de Jerusalén. Allí el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, anunció a la Madre:

«a ti misma una espada te traspasará el alma» (Lc 2, 35).

El evangelista san Lucas eligió la palabra griega rhomphaia, que en la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento hecha en Alejandría hacia el siglo III a. C., designa una espada grande de combate. La herida anunciada toca el espíritu de María. Desde ese día, la Virgen confirmó que su maternidad quedaba unida al destino del Redentor.

Piensa en una madre que conoce de antemano el día y la forma en que perderá a su hijo. Cada caricia, cada juego, cada comida compartida llevaría dentro esa certeza. Así vivió María los treinta años de Nazaret.

María al pie de la cruz

Al pie de la cruz, todo el sufrimiento de María alcanza su culmen. San Juan, único apóstol presente en el Calvario, dejó escrito:

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre» y otras mujeres (Jn 19, 25).

La Vulgata, la traducción latina de la Biblia preparada por san Jerónimo en Belén a fines del siglo IV, tradujo ese verbo con la palabra stabat: «estaba de pie».

El Concilio Vaticano II, en la constitución Lumen Gentium (Roma, 1964), recoge ese detalle y enseña que la Virgen se mantuvo junto a la cruz por designio divino, sufrió terriblemente con su Hijo y se asoció con corazón de madre a su sacrificio (cf. LG 58). María permaneció erguida por la fe. Su dolor fue inmenso, pero su adhesión a la voluntad del Padre fue más grande todavía.

Desde la cruz, Jesús le confió al discípulo amado: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19, 26). En esa hora, María recibió una maternidad nueva sobre todos los redimidos.

¿Cuáles son los siete dolores de la Virgen María?

La tradición resume la vida dolorosa de María en siete episodios:

  1. La profecía de Simeón (Lc 2, 34-35).
  2. La huida a Egipto (Mt 2, 13-15).
  3. La pérdida del Niño Jesús en el Templo (Lc 2, 41-50).
  4. El encuentro con Jesús camino del Calvario, según la tradición piadosa del Vía Crucis.
  5. La crucifixión y muerte de Jesús (Jn 19, 25-30).
  6. El descendimiento de la cruz (Mc 15, 42-46; Jn 19, 38-40).
  7. La sepultura de Jesús y la soledad de María (Mt 27, 59-61; Jn 19, 41-42).

Si quieres rezarlos uno por uno, en el artículo sobre el rosario de la Virgen de los Dolores encontrarás una guía para hacerlo.

¿Por qué se celebra el 15 de septiembre?

El primer testimonio de una fiesta litúrgica dedicada a los dolores de María procede del Sínodo de Colonia (Alemania, 1423). Aquella celebración nació como acto de reparación frente a los ataques husitas contra las imágenes sagradas.

Después vinieron varios pasos decisivos. El papa Benedicto XIII extendió en 1727 a toda la Iglesia latina la conmemoración del viernes anterior al Domingo de Ramos. El papa Pío VII universalizó en 1814 la fiesta de septiembre, en acción de gracias por su regreso a Roma tras el cautiverio impuesto por Napoleón. San Pío X la fijó en 1913 en el 15 de septiembre.

Esa fecha tiene una lógica hermosa. El 14 de septiembre la Iglesia celebra la Exaltación de la Santa Cruz y, al día siguiente, mira a la Madre que permaneció al pie de ese mismo madero. San Pablo VI, en la exhortación Marialis Cultus (Roma, 1974), presenta esta memoria como ocasión para venerar, junto con el Hijo exaltado en la Cruz, a la madre que comparte su dolor (MC 7).

¿Por qué rezar a la Virgen de los Dolores?

San Juan Pablo II, en la carta apostólica Salvifici Doloris (Roma, 1984), explica que en el Calvario el sufrimiento de María, unido al de Jesús, alcanzó una cumbre difícil de imaginar y resultó sobrenaturalmente fecundo para la salvación del mundo (cf. SD 25). Cada oración a la Virgen de los Dolores nos ayuda a encontrar sentido al propio dolor. La enfermedad, el duelo o la soledad dejan de ser un absurdo cuando se viven junto a la Madre que permaneció firme en la fe. En ella hallamos comprensión, alivio y consuelo. 

La Virgen Dolorosa y la Eucaristía

El Concilio de Trento (Italia, sesión XXII, 1562) enseña que el sacrificio de la Misa y el sacrificio de la cruz son un único sacrificio, ofrecido de modo distinto. Cada vez que asistes a la Santa Misa te colocas, en verdad, al pie del Calvario, en el mismo lugar donde estaba María. Por eso una oración a la Virgen de los Dolores, puede ayudarte a vivir mejor el misterio eucarístico.

San Juan Pablo II, en la encíclica Ecclesia de Eucharistia (Roma, 2003), describe la vida de la Virgen como una especie de «Eucaristía anticipada», una constante ofrenda interior que culminó en la Pasión (EdE 56)

La Mater Dolorosa nos ayuda a confesarnos

Las lágrimas de María Santísima revelan el precio real del pecado. Nuestras culpas causaron los tormentos de Cristo y la herida del corazón de su Madre. Por eso, una oración a la Virgen de los Dolores rezada con fe mueve a la contrición, el dolor sincero de haber ofendido a Dios, que nace del amor y va más allá del temor al castigo.

La Virgen nunca aleja al pecador. Como Refugio de los pecadores, lo toma de la mano y lo conduce hacia el confesionario. Si hace tiempo que no te confiesas, puedes preparar el paso con esta guía sobre el sacramento de la confesión y con estas oraciones para pedir perdón a Dios.

Oración a la Virgen de los Dolores

Cada oración a la Virgen de los Dolores que encontrarás a continuación procede de la liturgia, de los santos o de la piedad popular. Cada una tiene su tono propio: algunas contemplan, otras suplican, otras piden perdón. Elige la que mejor responda a lo que hoy necesita tu corazón.

1. Stabat Mater

El Stabat Mater es un poema latino del siglo XIII, atribuido al franciscano Jacopone da Todi (Italia, † 1306) o al papa Inocencio III († 1216). Es una de las composiciones religiosas con más versiones musicales de la historia y, en la Misa del 15 de septiembre, puede cantarse como secuencia antes del Evangelio. La versión castellana más difundida es la traducción poética de Lope de Vega, publicada en sus Rimas sacras (Madrid, 1614), con leves variantes en su uso litúrgico. Puedes rezar esta oración a la Virgen de los Dolores en su memoria litúrgica. 

La Madre piadosa parada
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.

2. Acto de contrición ante la Virgen en su soledad

Esta oración a la Virgen de los Dolores abre el antiguo ejercicio del «Pésame a María Santísima en su soledad», que los fieles rezaban la noche del Viernes Santo ante la imagen de la Virgen. Su autor es anónimo y su lenguaje conserva el estilo devocional de los siglos pasados. Resulta ideal como preparación para la confesión.

Amorosísima María, madre de misericordias, abismo de dolores, insondable piélago de penas, y tormentoso mar de desconsuelos, que en las amargas ondas de tu desamparada soledad, renuevas los martirios de tu amante corazón, con la tierna memoria de los tormentos de tu dulcísimo Jesús, muerto a manos de la obstinada ingratitud de los pecadores! ¡Oh quién, Señora, pudiera expresar nuestro sentimiento, causa de los tuyos, con la más verdadera contrición, para que, rasgados los corazones, brotara en tu presencia la más fina expresión de un perfecto dolor, con que consolaras tu aflicción acerba!

 

¡Mas ay, Reina dolorosa, que en la imposible consecución de este deseo, se ve el estorbo que causa nuestra malicia! Ella es, ¡oh divina Madre!, la espada cruel que atraviesa tu amante corazón; y pues con cada culpa añadimos filos a sus inhumanos cortes, y a tu soledad mayores congojas, renovando la pasión dolorosa de tu difunto Jesús, por ser en ofensas suyas y aumento de tus aflicciones, nos pesa, desamparada Señora; nos pesa, pacientísima Madre; nos pesa, Virgen amabilísima, de todo corazón, y sobre todo encarecimiento, de haber pecado, y muerto tantas veces al bien de tu vida, vida de tu alma y alma de tu corazón, Jesús.

Pésanos, tórtola amorosísima, de haber sido tan continuado motivo a tu amarguísima soledad, siendo tú nuestro remedio, abrigo y amparo. Pecamos, piadosísima María, contra tu dulce Jesús, contra ti, tan inculpable, tan pura y tan santa. Pecamos, mas no por esto olvidamos tu clemencia; y así, con ella, alcánzanos el perdón, pues todos protestamos el más firme propósito de no volver a pecar, morir antes que ofender a tu difunto Jesús, ni dar entrada al ingrato olvido de tus penas.

 

Y confiamos en tu amabilísima condición y maternales entrañas: nos alcanzarás la remisión, la enmienda y la perseverancia en ella, para que, como hijos verdaderos, te acompañemos en las amarguras de tu tierna soledad. Amén.

3. Oración de San Alfonso María de Ligorio para alcanzar una buena muerte

San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia, colocó esta oración al inicio de Las Glorias de María (Nápoles, 1750). Invoca el dolor que la Virgen sufrió al asistir a la muerte de su Hijo y le pide la misma compañía en la hora final. Es una oración muy adecuada para rezar junto a un enfermo grave, sobre todo cuando recibe la Unción de los Enfermos

Oh María, dulce refugio de los pobres pecadores: cuando mi alma tenga que dejar este mundo, Madre mía dulcísima, por aquel dolor que sentiste al asistir a la muerte de tu Hijo en la cruz, asísteme entonces con tu misericordia.

Aleja de mí a los enemigos del infierno y ven entonces a tomar mi alma para presentarla al Juez eterno. Reina mía, no me abandones. Tú, después de Jesús, has de ser mi consuelo en aquel terrible momento.

Ruega a tu Hijo que, por su bondad, me conceda morir abrazado a tus pies y entregar mi alma en sus santas llagas, diciendo: «Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía».

4. Oración a la Virgen de los Dolores del Beato Miguel Agustín Pro

Esta es la oración a la Virgen de los Dolores que el Padre Pro escribió días antes de su martirio, exactamente el 13 de noviembre de 1927.

Déjame pasar la vida a tu lado, Madre mía,

acompañado de tu soledad y tu pesar profundo.

Déjame sentir en mi alma el triste llanto de tus ojos y

el desamparo de tu corazón.

No quiero en el camino de mi vida saborear las alegrías de Belén,

adorando en tus brazos virginales al niño Dios;

no quiero gozar en la casita humilde de Nazaret

de la amable presencia de Jesucristo;

no quiero acompañarte en tu Asunción gloriosa entre los coros de Ángeles...

Quiero en mi vida, las burlas y las mofas del Calvario,

quiero la agonía lenta de tu Hijo, el desprecio,

la ignominia, la infamia de la cruz;

quiero estar a tu lado, Virgen dolorosísima, de pie,

fortaleciendo mi espíritu con tus lágrimas,

consumando mi sacrificio con tu martirio,

sosteniendo mi corazón con tu soledad,

amando a mi Dios y tu Dios con la inmolación de mi ser. Amén. 

5. Peticiones al Corazón Doloroso de María

Con esta oración a la Virgen de los Dolores le pedimos que interceda por nosotros y nos conceda las gracias que necesitamos para crecer en santidad:

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Me compadezco de ti, oh María, Madre dolorosa, por la aflicción que sufrió tu tierno corazón ante la profecía del santo anciano Simeón. Madre queridísima, por tu corazón tan afligido, alcánzame la virtud de la humildad y el don de temor de Dios.
Avemaría…

2. Me compadezco de ti, oh María, Madre dolorosa, por los angustiosos temores que soportó tu amante corazón en la huida a Egipto y durante tu estancia en aquella tierra. Madre queridísima, por tu corazón tan inquieto, alcánzame la virtud de la generosidad, sobre todo con los pobres, y el don de piedad.
Avemaría…

3. Me compadezco de ti, oh María, Madre dolorosa, por la angustia que padeció tu atribulado corazón cuando perdiste a tu amado Hijo Jesús. Madre queridísima, por tu corazón tan hondamente turbado, alcánzame la virtud de la castidad y el don de ciencia.
Avemaría…

4. Me compadezco de ti, oh María, Madre dolorosa, por el horror que hirió tu corazón de madre al encontrar a Jesús cargado con la cruz. Madre queridísima, por tu corazón tan oprimido, alcánzame la virtud de la paciencia y el don de fortaleza.
Avemaría…

5. Me compadezco de ti, oh María, Madre dolorosa, por el martirio que atormentó tu magnánimo corazón en la agonía de Jesús. Madre queridísima, por tu corazón martirizado, alcánzame la virtud de la templanza y el don de consejo.
Avemaría…

6. Me compadezco de ti, oh María, Madre dolorosa, por la angustia que causó en tu tierno corazón la lanza que abrió el costado de Jesús y traspasó su adorabilísimo Corazón. Madre queridísima, por esta herida que tu propio corazón padeció en lugar del suyo, alcánzame la virtud del amor fraterno y el don de entendimiento.
Avemaría…

7. Me compadezco de ti, oh María, Madre dolorosa, por la agonía que desgarró tu amantísimo corazón en la sepultura de Jesús. Madre queridísima, por el tormento extremo que llenó tu corazón abrumado, alcánzame la virtud del celo y el don de sabiduría.
Avemaría…

V/. Ruega por nosotros, Virgen dolorosísima.
R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

Oremos.
Señor Jesucristo, te rogamos que la santísima Virgen María, cuya alma fue traspasada por la espada del dolor en la hora de tu Pasión, sea nuestra abogada ante el trono de tu misericordia, ahora y en la hora de nuestra muerte. Por ti, Jesucristo, Redentor del mundo, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

6. Oración colecta de la Misa de Nuestra Señora de los Dolores

La colecta es la oración con la que el sacerdote recoge las intenciones de la asamblea al inicio de la Misa. Esta es la oración a la Virgen de los Dolores propia de la memoria del 15 de septiembre en el Misal Romano. 

Oh Dios, tú quisiste que la Madre, llena de compasión, permaneciera junto a tu Hijo exaltado en la cruz; concede a tu Iglesia que, unida con ella a la pasión de Cristo, merezca tener parte en su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

7. Ave María Dolorosa

Este Ave María es una versión adaptada como oración a la Virgen de los Dolores.

Dios te salve, María, llena eres de dolores; Jesús crucificado está contigo; digna eres de llorada y compadecida entre todas las mujeres, y digno es de ser llorado y compadecido Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Santa María, Madre del Crucificado, da lágrimas a nosotros crucificadores de tu Hijo, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

¡Cuántas lecciones nos enseña la Virgen de los Dolores!

Ella nos muestra que el sufrimiento humano deja de ser inútil cuando se une al sacrificio de Cristo. Al igual que María participó en la Redención de manera singular, los fieles podemos ofrecer nuestros propios dolores como un acto de amor a las almas y cooperación en la salvación del mundo. Es el precio del amor a un Dios crucificado por amor a nosotros.

La figura de la Virgen de los Dolores al pie de la Cruz (Stabat Mater) enseña que la fe requiere la entereza de permanecer "de pie" ante la adversidad. El dolor se convierte en una escuela de fortaleza donde el creyente encuentra en la Mater Dolorosa compañía y fuerza para no ser "aplastado" por las tribulaciones.

María Santísima conocía las Escrituras y sabía perfectamente todo lo que el Mesías debía sufrir. A pesar de ello, no se acobardó, sino que aceptó el plan de Dios. Con su fiat en la Anunciación y al pie de la cruz nos muestra que el dolor debe ser un "sí" renovado a la voluntad de Dios, incluso cuando no comprendemos el porqué inmediato del sufrimiento.

La devoción a la Virgen de los Dolores nos recuerda que el dolor no es el destino final. María, aunque desgarrada, mantuvo la esperanza en la victoria sobre la muerte. Así, el dolor cristiano se convierte en el camino necesario que precede a la gloria de la Resurrección.

¡Qué importante es meditar sus dolores a lo largo del año! Cuando recemos una oración a la Virgen de los Dolores, pidámosle la gracia del horror por el pecado y un renovado ardor en el combate por nuestra santificación. 

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¿Cuándo es el día de la Virgen de los Dolores?

La Iglesia universal celebra la memoria de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre. Muchos lugares mantienen, además el Viernes de Dolores, el viernes anterior al Domingo de Ramos.

¿Cómo puedo pedirle a la Virgen de los Dolores?

Se puede recurrir a ella como "consoladora de los afligidos", pidiéndole fortaleza para enfrentar las adversidades y sentido para el propio sufrimiento. Una forma tradicional de pedirle es rezar su Rosario de los Siete Dolores, solicitando que nos "preste su Corazón" para amar a Jesús como ella lo ama. También se le pide su intercesión para obtener una contrición perfecta de los pecados y su asistencia visible en el momento de la muerte.

¿Qué significan las 7 espadas de la Dolorosa?

Las siete espadas que suelen atravesar el corazón de la imagen son una representación visual de la profecía del anciano Simeón ("una espada traspasará tu alma"). Cada espada simboliza uno de los siete dolores bíblicos y tradicionales en los que María participó de forma singular en la misión redentora de su Hijo.

¿Qué diferencia hay entre la Virgen de los Dolores y la Virgen de la Soledad?

Las dos advocaciones contemplan el mismo misterio. La Virgen de los Dolores abarca los siete dolores de María a lo largo de su vida. La Virgen de la Soledad se centra en el último: la soledad de María tras la sepultura de Jesús, que la Iglesia contempla de modo especial el Sábado Santo.

¿Cómo se reza el rosario de los 7 dolores?

A diferencia del rosario tradicional, este se estructura en septenarios :

  1. Se inicia opcionalmente con un Acto de Contrición.
  2. Se anuncia el primer dolor y se medita brevemente en él.
  3. Se reza un Padrenuestro, siete Avemarías y un Gloria.
  4. Se repite este proceso para cada uno de los siete dolores.
  5. Al finalizar, se suelen rezar tres Avemarías en honor a las lágrimas derramadas por la Virgen María.

¿Cuál es la historia de la Virgen de los Dolores?

El culto a la compasión de María comenzó a documentarse alrededor del siglo X bajo títulos como "Reina de los Mártires". En el siglo XIII, la Orden de los Siervos de María (Servitas) formalizó la devoción a los siete dolores. A lo largo de la historia, varios papas extendieron su fiesta: Clemente IX la aprobó en 1668, Pío VII la hizo universal para la Iglesia latina en 1814 tras su cautiverio, y finalmente San Pío X fijó su fecha definitiva el 15 de septiembre. Su historia es la de una madre que, por obediencia a Dios, aceptó ser la "Nueva Eva" y cooperar en la Redención de la humanidad.