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¿Qué se celebra el Martes Santo?

por | Fiestas Litúrgicas

El Martes Santo, también llamado Sexto Martes de Cuaresma, forma parte de la Semana Santa, tiempo en el que los cristianos continúan preparándose para las principales celebraciones del Triduo Pascual.

Durante el Martes Santo, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre los anuncios de la Pasión del Señor. El texto, tomado del Evangelio de Juan (Jn 13, 21-33.36-38), relata cómo Jesús anuncia a sus discípulos que uno de ellos lo entregará y advierte a Pedro su negación. 

Si seguimos el orden cronológico de la Semana Santa, sabemos que durante el Martes Santo Jesús regresó a Jerusalén. Tras pasar la noche en Betania, Él y sus discípulos vuelven a la ciudad. Observan la higuera que había sido maldecida el día anterior, ya seca desde la raíz, y luego se dirigen al Templo de Jerusalén, donde Jesús enseña y enfrenta a los sumos sacerdotes, escribas y ancianos. Por este motivo, el Martes Santo es conocido como el Martes de controversia, ya que ese día se recuerda el último enfrentamiento de Jesús con los maestros de la ley. Allí denuncia su hipocresía e impiedad. 

Más tarde, se dirige con sus discípulos al Monte de los Olivos, donde les anuncia la destrucción de Jerusalén y su venida futura.

Además de la celebración litúrgica, en numerosos países y ciudades el Martes Santo continúa con distintas manifestaciones de piedad popular, especialmente procesiones organizadas por cofradías y hermandades que recorren las calles. 

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Lecturas Bíblicas del Martes Santo

1. Primera Lectura: Isaías 49, 1-6

¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. Él hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. Él me dijo: «Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré.» Pero yo dije: «En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza.» Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios. Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. Él dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra.»

2. Salmo Responsorial: Salmo 70, 1-4a. 5-6ab. 15. 17

R. Mi boca anunciará tu salvación, Señor.

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame. R.

 

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío! R.

 

Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector. R.

 

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.

3. Evangelio: Juan 13, 21-33, 36-38

Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»
Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.
Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere.» Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?»
Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato.»
Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer.»
Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que hace falta para la fiesta», o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.
Después que Judas salió, Jesús dijo: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: «Adonde yo voy, ustedes no pueden venir».»
Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió: «Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás.»
Pedro le preguntó: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.»
Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Martes Santo: Reflexión de San Alfonso María de Ligorio

Entonces los pontífices y fariseos juntaron consejo y dijeron: ¿Qué hacemos?, porque este hombre hace muchos milagros (Jn 11, 47.). Mientras que Jesús se ocupaba en derramar gracias y obrar milagros en beneficio de todos, los principales personajes de la ciudad maquinaban la muerte del autor de la vida. Caifás, el impío pontífice, dijo: Conviene que muera un solo hombre por el bien del pueblo y no perezca toda la nación (Jn 11, 50). Y desde aquel día, prosigue diciendo San Juan, no pensaban sino en el medio de hacerle morir.

Mientras que los pontífices deliberaban, se presenta Judas y les dice: ¿Qué queréis darme y yo lo pondré en vuestras manos? (Mt 26, 15). Grande debió ser la alegría que se hubo de apoderar de los judíos, de estos malvados enemigos de Cristo, al ver que uno de sus mismos discípulos se disponía a hacerle traición y a entregarlo en sus manos. Esta su alegría sería trasunto de aquella otra que debe haber en el Infierno cuando un alma que ha estado al servicio de Cristo lo abandona y le hace traición por un vil interés, por un placer emponzoñado.

Pero mira, Judas, ya que estás dispuesto a vender a tu Dios, pide al menos el precio de su valor: es un bien infinito; su precio, por consiguiente, debe ser infinito. Pero tú ¿cierras la venta en treinta monedas de plata? Alma mía infortunada, olvídate por un momento de Judas y piensa en ti misma; dime, ¿a qué precio has vendido tantas veces al demonio la gracia de Dios?

¡Oh, Jesús mío!, vergüenza me da comparecer en vuestra presencia cuando me acuerdo de las injurias que os he hecho. ¡Cuántas veces os he menospreciado por un antojo, por un momentáneo y vil placer! Bien sabía yo que pecando perdí vuestra amistad, y voluntariamente he renunciado a ella por una nonada. ¡Ojalá hubiera muerto antes que haberos causado tan grande ultraje! Jesús mío, me arrepiento de ello con toda mi alma y quisiera morir de dolor.

Admiremos aquí la benignidad de Jesucristo. No ignora el diabólico complot que acaba de hacer Judas, y, sin embargo, no lo despide de su compañía ni le mira con indignación, sino que lo admite por amigo y lo sienta a su mesa; y si le habla de su infame traición, es para que entre en sí mismo; y cuando Jo ve obstinado en la maldad, se humilla en su presencia y se rebaja hasta lavarle los pies para ablandar su corazón.

¡Oh, Jesús mío!, veo que lo mismo hacéis conmigo; os he despreciado, os he hecho traición, y, sin embargo, no me habéis negado vuestra amistad; me miráis con ojos de ternura y me admitís a vuestro eucarístico banquete. ¿Por qué, amadísimo Salvador, no he correspondido siempre a vuestro cariño? ¿Cómo podré en adelante alejarme de Vos y renunciar a vuestro amor?

¿Cuáles son las lecciones del Martes Santo?

El anuncio de la negación de Pedro el Apóstol en el Evangelio del Evangelio de Juan (Jn 13, 21-33.36-38) es uno de los momentos más significativos que la Iglesia quiere que reflexionemos durante el Martes Santo.

Estas son algunas lecciones para meditar en este día:

1. Jamás confiar en las propias fuerzas:

Pedro afirma con convicción que está dispuesto a dar la vida por Jesús. Sin embargo, el Señor le anuncia que lo negará tres veces antes de que cante el gallo. Este episodio recuerda que el fervor inicial o las buenas intenciones no son suficientes si no van acompañados de conciencia de nuestra debilidad y de la necesidad de la gracia de Dios para serle fiel en todo momento.

Preguntémonos: ¿Confío demasiado en mis propias fuerzas para permanecer fiel a Cristo? Soy consciente de mi fragilidad o creo que nunca podría fallar?

2. Cristo conoce nuestras debilidades antes de que caigamos

Jesús anuncia la negación de Pedro antes de que suceda. Con esto muestra que conoce profundamente el corazón humano. Sin embargo, no lo rechaza ni lo aparta de su misión. El Señor ve nuestras debilidades con amor y misericordia. Sigue llamándonos a seguirlo.

Reflexionemos: ¿Cuando peco, confío en la misericordia de Dios y suplico su perdón con verdadero arrepentimiento y propósito de no volver a pecar?

3. El pecado muchas veces nace del miedo:

Pedro no niega a Jesús por odio, sino por temor. El miedo a la persecución, al rechazo social o al sufrimiento puede llevar a los cristianos a ocultar su fe o a actuar en contra de ella.

Consideremos: ¿En qué situaciones me avergüenzo de vivir, anunciar en público o defender mi fe?

4. El Señor siempre nos perdona:

La historia de Pedro no termina en la negación. Después de su caída, se arrepentirá y volverá a seguir al Señor hasta tal punto que dará su vida por Él. Nos muestra que el pecado no tiene la última palabra cuando hay arrepentimiento sincero.

Meditemos: Cuando caigo, ¿busco volver a Dios con humildad o me quedo paralizado por la culpa?

Este episodio nos debe incentivar a confiar ciegamente en el Señor, descansar en Él con plena conciencia de que solo su gracia puede sostenernos para ser fieles en todo momento. 

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¿Quieres vivir la Semana Santa con devoción? Echa un vistazo a estos artículos que podrán ayudarte:

¿El Martes Santo qué se celebra?

El Martes Santo forma parte de la Semana Santa y continúa la preparación espiritual para el Triduo Pascual. En este día la Iglesia recuerda los anuncios que Jesucristo hace a sus discípulos sobre los acontecimientos que precederán a su Pasión, especialmente la traición de Judas Iscariote y la negación de Pedro el Apóstol.

¿Qué sucedió el Martes Santo según la Biblia?

Según los Evangelios, después de pasar la noche en Betania, Jesús regresa a Jerusalén con sus discípulos. En el camino observan la higuera que había sido maldecida el día anterior ya seca desde la raíz. Luego Jesús enseña en el Templo de Jerusalén y enfrenta a los sumos sacerdotes, escribas y ancianos. Más tarde se dirige al Monte de los Olivos, donde habla a sus discípulos sobre la destrucción de Jerusalén y su venida futura.

¿Qué hizo Jesús el Martes Santo?

Durante el Martes Santo, Jesús enseñó en el templo, respondió a las preguntas de las autoridades religiosas y denunció la hipocresía de algunos maestros de la ley. También instruyó a sus discípulos sobre los acontecimientos futuros y sobre la necesidad de mantenerse vigilantes en la fe.

¿Qué se hace el Martes Santo en la Iglesia Católica?

En la Iglesia Católica, el Martes Santo se vive como un día de oración, reflexión y preparación para los días centrales de la Semana Santa. En muchas parroquias se celebra la Misa con las lecturas propias del día y en numerosos lugares se realizan procesiones y actos de piedad popular organizados por cofradías y hermandades.

¿Qué reflexión nos deja el Martes Santo?

El Martes Santo invita a reflexionar sobre la fidelidad a Cristo y la fragilidad humana. Los anuncios de la traición y de la negación muestran que incluso los discípulos más cercanos pueden fallar, pero también recuerdan la importancia de la conversión, la vigilancia espiritual y la confianza en la misericordia de Dios.

¿Dónde puedo encontrar Misas de Martes Santo cerca de mí?

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¿Cuándo se celebra el Martes Santo 2026?

En 2026, el Martes Santo se celebrará el 31 de marzo. Este día forma parte de la Semana Santa, que culmina con el Domingo de Pascua, cuando la Iglesia celebra la resurrección de Jesucristo.

¿Qué anuncia Jesús el Martes Santo?

En el Evangelio proclamado este día, tomado del Evangelio de Juan (Jn 13, 21-33.36-38), Jesús anuncia que uno de sus discípulos lo entregará y advierte a Pedro que lo negará tres veces antes de que cante el gallo. Estos anuncios anticipan los acontecimientos que conducirán a la Pasión.