El Viernes Santo es un día muy particular. No se celebra el sacrificio de la Santa Misa. La Iglesia, siguiendo una tradición milenaria, se abstiene de la consagración eucarística como signo de duelo y despojo por la muerte de su Señor.
La Liturgia de la Pasión del Señor consta de tres partes: Liturgia de la Palabra, Adoración de la Cruz y sagrada Comunión. Se caracteriza por sus momentos de silencio, por la sobriedad en el adorno del templo y porque los celebrantes se revisten de color rojo o negro.
En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la celebración de la Pasión del Señor. Mientras que a los enfermos, que no pueden participar en dicha celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día.
También, es día de ayuno y abstinencia obligatorios, una práctica penitencial que busca disponer el espíritu para la alegría de la resurrección.
La liturgia, con su austeridad y silencio, nos invita en este día a despojarnos de lo accesorio para contemplar la desnudez de la Cruz. Nos llama a seguir los pasos del Salvador, a morir a nosotros mismos crucificados espiritualmente junto a Él. Pero no es un día de desesperanza, sino que, por el contrario, contemplamos el sepulcro expectantes por la resurrección del Señor. Justamente, el Viernes Santo es el día en que la Iglesia se reconoce nacida del costado abierto del Salvador, unida a la Santísima Virgen en espera de la resurrección.
¿Quieres vivir mejor la celebración del Viernes Santo? En este post te explicamos paso a paso cada momento de la Liturgia de la Pasión.
Rito de Entrada y Postración
La celebración comienza en un silencio absoluto, que rompe con la estructura habitual de los ritos introductorios. No hay canto de entrada ni saludo inicial. El altar se presenta totalmente desnudo: sin manteles, sin cruz ni candelabros. Esto recuerda a Cristo totalmente despojado en la cruz.
Este acto de postración es un símbolo de la humillación del hombre ante la majestad de Dios y una expresión de la tristeza y el dolor de la Iglesia. Teológicamente, representa a la humanidad caída que implora perdón y reconoce su nada ante el sacrificio del Redentor.
Tras este espacio de oración silenciosa, el sacerdote se dirige a la sede y pronuncia una oración sin el habitual «Oremos», invocando la misericordia eterna de Dios y recordando que el misterio pascual fue instituido por la sangre de su Hijo:
Oh Dios, tu Hijo Jesucristo,
Señor nuestro,
por medio de su pasión ha destruido la muerte
que, como consecuencia del antiguo pecado,
a todos los hombres alcanza.Concédenos hacernos semejantes a él.
De este modo, los que hemos llevado grabada,
por exigencia de la naturaleza humana
la imagen de Adán, el hombre terreno,
llevaremos grabada en adelante,
por la acción santificadora de tu gracia,
la imagen de Jesucristo, el hombre celestial.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
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Liturgia de la Palabra en Viernes Santo
La primera parte de la celebración se dedica a la Liturgia de la Palabra. La estructura sigue una progresión profética y teológica:
Primera Lectura: Cántico del Siervo de Yahvé
El cuarto cántico del Siervo de Yahvé (Isaías 52, 13 — 53, 12) describe con precisión sobrecogedora los sufrimientos y la exaltación del Mesías.
Sí, mi Servidor triunfará: será exaltado y elevado a una altura muy grande. Así como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído.
¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído y a quién se le reveló el brazo del Señor?
El creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada.
Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca.
Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo. Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca.
El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado.
Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes y él repartirá el botín junto con los poderosos. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables, siendo así que llevaba el pecado de muchos e intercedía en favor de los culpables. (Is 52, 13-53, 12)
Salmo 30
El Salmo 30 prefigura la entrega final de Jesús:
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.
Soy la burla de todos mis enemigos
y la irrisión de mis propios vecinos;
para mis amigos soy motivo de espanto,
los que me ven por la calle huyen de mí.
Como un muerto, he caído en el olvido,
me he convertido en una cosa inútil. R.Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos.»
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen. R.
Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia.
Sean fuertes y valerosos,
todos los que esperan en el Señor. R.
Segunda Lectura: La Epístola a los Hebreos
Presenta a Jesús como el Sumo Sacerdote compasivo que aprendió sufriendo lo que es la obediencia:
Hermanos:
Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.
Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.
El dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.
Palabra de Dios.
Evangelio de la Pasión del Señor según San Juan
El punto culminante de la Liturgia de la Palabra del Viernes Santo es la proclamación de la Pasión según San Juan. A diferencia del Domingo de Ramos, no se usan incienso ni ciriales, y se omite el saludo al pueblo. La lectura se realiza a menudo por tres diáconos o lectores. La parte de Cristo queda reservada para el sacerdote.
Para San Juan la Cruz no es solo el patíbulo de un condenado, sino el trono desde donde el Rey de los judíos comienza su reinado universal y atrae a todos hacia sí.
Antes del Evangelio se lee este versículo:
Cristo se humilló por nosotros
hasta aceptar por obediencia la muerte,
y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.
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La Oración Universal Solemne
Tras la homilía, que suele invitar a la meditación silenciosa, se realiza la Oración Universal, cuya forma actual deriva de las tradiciones más antiguas de la Iglesia.
El procedimiento es solemne: el diácono propone la intención, la asamblea ora en silencio (a menudo de rodillas) y el sacerdote concluye con una oración colectiva.
Las intenciones incluyen oraciones por la Santa Iglesia, por el Papa (para que sea protegido y gobierne al pueblo cristiano bajo el cayado del Sumo Pontífice), por los obispos, presbíteros y fieles, por los catecúmenos (para que renazcan en la fuente bautismal), por la unidad de los cristianos, por los judíos (el pueblo de la primera alianza), por los que no creen en Cristo, por los que no creen en Dios, por los gobernantes (para que se logre la paz y la libertad religiosa) y por todos los atribulados.
En casos de grave necesidad pública, el ordinario diocesano puede permitir una intención adicional.
La Adoración de la Santa Cruz
La segunda parte de la acción litúrgica es la Adoración de la Santa Cruz. Es fundamental notar que el Viernes Santo es el único día en el que la Cruz recibe el tratamiento de adoración (genuflexión), reservado habitualmente al Santísimo Sacramento.
Las Formas de Presentación
Existen dos formas autorizadas para mostrar la Santa Cruz al pueblo:
-
Primera Forma: El sacerdote o diácono lleva una Cruz cubierta con un velo de color morado o rojo. En el presbiterio, el sacerdote descubre primero la parte superior, luego el brazo derecho y finalmente toda la Cruz, cantando cada vez:
«Este es el Árbol de la Cruz, en donde estuvo suspendida la salvación del mundo. Venid adoremos».
-
Segunda Forma: El sacerdote se dirige a la puerta de la iglesia, recibe la Cruz descubierta y procesiona por la nave central, deteniéndose en la puerta, en el medio de la iglesia y en el presbiterio para elevarla y aclamarla.
El Acto de Adoración y los Improperios
La adoración personal es un rasgo crucial. El sacerdote es el primero en adorar, pudiendo despojarse de su casulla y sus zapatos según la conveniencia pastoral.
Durante este rito, se cantan los «Improperios» (Reproches), himnos donde Cristo, en primera persona, dialoga con su pueblo recordándole los beneficios de la historia de la salvación frente a la ingratitud de la crucifixión: «Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!».
Oh pueblo mío, ¿qué te he hecho?
¿en qué te he ofendido?
Respóndeme.
Yo te saqué de Egipto:
tú preparaste una Cruz a tu Salvador.
Dios Santo,
Dios Santo,
Santo y fuerte,
Santo y fuerte,
Santo e inmortal,
ten piedad de nosotros,
Santo e inmortal,
ten piedad de nosotros.
Yo te guié cuarenta años
por el desierto,
te alimenté con el maná,
te introduje en una tierra excelente;
tú preparaste una Cruz a tu Salvador.Dios Santo….
Por ti yo azoté a Egipto
y a sus primogénitos;
tú me azotaste y me entregaste.
¡Pueblo mío!
Yo te saqué de Egipto,
sumergiendo al Faraón en el mar Rojo;
tú me entregaste
a los sumos sacerdotes.
¡Pueblo mío!
Yo abrí el mar delante de ti;
tú, con la lanza, abriste mi costado.
¡Pueblo mío!
Yo te guiaba
con una columna de nubes;
tu me guiaste al pretorio de Pilato.
¡Pueblo mío!
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Ritos de Comunión y el Misterio de los Presantificados
La tercera parte de la celebración consiste en el rito de la comunión. Se coloca un mantel sobre el altar, junto con un corporal y el Misal. El diácono o el sacerdote trae el Santísimo Sacramento desde el lugar de la reserva (el Monumento).
Es importante destacar que no se da el signo de la paz ni se realiza el rito de la fracción del pan, pues la Hostia ya ha sido consagrada el Jueves Santo.
Una vez terminada la distribución, el copón se lleva a un lugar preparado fuera de la iglesia. El altar se despoja nuevamente, dejando solo la Cruz y cuatro candelabros para la oración silenciosa de los fieles. El sacerdote reza:
Oremos.
Dios todopoderoso, rico en misericordia,
que nos has renovado
con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo,
no dejes de tu mano
la obra que has comenzado en nosotros,
para que nuestra vida,
por la comunión en este misterio,
se entregue con verdad a tu servicio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
La celebración concluye con una oración sobre el pueblo, pidiendo que la bendición de Dios descienda sobre quienes han celebrado la muerte de su Hijo con la esperanza de la resurrección.
Que tu bendición, Señor,
descienda con abundancia sobre este pueblo,
que ha celebrado la muerte de tu Hijo
con la esperanza de su santa resurrección;
venga sobre él tu perdón,
concédele tu consuelo,
acrecienta su fe,
y consolida en él la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
Y todos salen en silencio. El altar se desnuda en el momento oportuno.
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Reflexión Viernes Santo: Catequesis de san Juan Crisóstomo
¿Deseas conocer el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recordemos los antiguos relatos de Egipto.
Inmolad —dice Moisés— un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. «¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?» «Sin duda —responde Moisés—: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.»
Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos.
¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía.
El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio.
Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado, ambos, del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.
Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios formó a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salidas de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.
Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y
con su leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.
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¿Qué se celebra el Viernes Santo?
El Viernes Santo la Iglesia conmemora la Pasión y Muerte de Jesucristo en la cruz. No se trata solo de recordar un hecho histórico, sino de actualizar el misterio central de la fe: el sacrificio redentor por el cual Cristo entrega su vida para la salvación de la humanidad. Los cristianos se detienen a contemplar el amor infinito del Señor que se sacrificó para alcanzarnos la vida eterna.
¿Qué le pasó a Jesús en Viernes Santo?
En el Viernes Santo, Jesús es condenado a muerte, carga con la cruz, es crucificado en el Calvario y finalmente muere. Durante su Pasión, sufre la traición, el abandono, la injusticia del juicio, la flagelación y la humillación. Sin embargo, todo este sufrimiento es asumido libremente como un acto de obediencia y amor, mediante el cual redime al mundo.
¿Qué se reza el Viernes Santo a las 3 de la tarde?
A las 3 de la tarde, hora tradicional de la muerte de Jesús, se suele rezar el Vía Crucis o la Coronilla de la Divina Misericordia. También se celebra la Liturgia de la Pasión del Señor. Es un momento especialmente significativo para detenerse en silencio, meditar la Pasión del Señor y unirse espiritualmente a su entrega en la cruz.
¿Qué cosas no se pueden hacer en Viernes Santo?
El Viernes Santo es un día de ayuno y abstinencia, por lo que la Iglesia invita a evitar el consumo de carne y a practicar la sobriedad en las comidas. Además, se recomienda evitar actividades festivas o ruidosas, ya que es un día de recogimiento, penitencia y oración. Más que una lista de prohibiciones, se trata de vivir el día en coherencia con el misterio que se celebra.
¿Qué se hace el Viernes Santo en casa?
En casa, los fieles pueden vivir el Viernes Santo a través de la oración y la contemplación. Algunas prácticas habituales son:
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Rezar el Vía Crucis o Vía Matris o la Visita a las 7 Iglesias,
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Leer y meditar la Pasión del Señor,
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Guardar momentos de silencio,
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Participar de la liturgia de la Pasión del Señor,
-
Mantener un clima de sobriedad y recogimiento.
Es un día para acompañar espiritualmente a Cristo en su sufrimiento.
¿Qué se debe rezar el Viernes Santo?
No hay una única oración obligatoria, pero la Iglesia propone especialmente:
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El Vía Crucis
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La Liturgia de la Pasión del Señor
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La Coronilla de la Divina Misericordia
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La meditación de las Siete Palabras de Jesús en la cruz
Todas estas formas de oración ayudan a entrar más profundamente en el misterio de la cruz.
¿Cuáles son las 7 palabras del Viernes Santo?
Las Siete Palabras son las últimas frases que Jesús pronunció en la cruz, recogidas en los Evangelios:
- “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
- “Hoy estarás conmigo en el Paraíso.”
- “Mujer, ahí tienes a tu hijo… Hijo, ahí tienes a tu madre.”
- “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
- “Tengo sed.”
- “Todo está cumplido.”
- “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”
Estas palabras condensan el sentido profundo de la Pasión: el perdón, la entrega, el abandono confiado y el cumplimiento de la obra redentora.
¿Dónde puedo encontrar Misas de Viernes Santo cerca de mí?
La app Horarios de Misa permite ubicar iglesias católicas cercanas y consultar horarios de Misa, confesión y adoración en tiempo real.
¿Cuándo se celebra el Viernes Santo 2026?
En 2026, el Miércoles Santo se celebrará el 3 de abril. Este día forma parte de la Semana Santa, que culmina con el Domingo de Pascua, cuando la Iglesia celebra la resurrección de Jesucristo.
