Cada 22 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de la Cátedra de San Pedro ¿Sabías sobre la existencia de esta festividad? ¿Cuál es su sentido?
En esta fecha, la Iglesia no conmemora simplemente un objeto material, sino una realidad espiritual y visible a la vez: la autoridad que Jesucristo confió al apóstol Pedro y, en él, a sus legítimos sucesores. El Señor, Buen Pastor, quiso gobernar a su Iglesia por medio de un vicario visible, asistido particularmente por el Espíritu Santo, para confirmar a sus hermanos en la fe y custodiar la unidad.
La palabra “cátedra” proviene del griego kathedra y del latín cathedra, y significa literalmente “asiento” o “sede”. Era el lugar desde el que un maestro autorizado enseñaba. En el ámbito eclesial, la cátedra simboliza la autoridad doctrinal y pastoral del obispo; por eso, la iglesia principal de una diócesis recibe el nombre de catedral: es el templo que alberga la cátedra de su obispo.
Al celebrar la Cátedra de San Pedro, la Iglesia honra la misión singular del Romano Pontífice como principio y fundamento visible de la unidad de la fe y de la comunión universal de los fieles. Es, en definitiva, una fiesta que nos invita a renovar nuestra adhesión filial al Sucesor de Pedro y a dar gracias a Dios por el don del ministerio petrino en la Iglesia.
¿Cuál es el significado de la Cátedra de San Pedro?
La doctrina católica sobre la Cátedra de San Pedro se fundamenta en la convicción de que Cristo entregó a Pedro las llaves del Reino, otorgándole una preeminencia especial entre los apóstoles y constituyéndolo como la roca sobre la cual se edifica la Iglesia.
El Primado de Pedro en la Biblia
Jesús, en la región de Cesarea de Filipo, pregunta a sus discípulos qué decía la gente sobre quién era Él.
Y Yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». (Mt 16, 18-19)
La confesión de Pedro mereció una gran recompensa, pues, por obra del Espíritu Santo, supo reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Cristo le promete que sobre esta confesión de fe edificará su Iglesia, ya que muchos creerán en lo mismo que Pedro ha proclamado.
El Señor bendice sus palabras y lo constituye pastor de su rebaño. Al cambiar el nombre de Simón por Pedro —que significa “piedra”— establece un fundamento admirable para la solidez de la Iglesia, digna de ser edificada sobre esta roca. Las llaves, por su parte, simbolizan la potestad espiritual que le es confiada.
En la Última Cena, Jesús revela que ha rezado específicamente por la fe de Pedro:
Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos. (Lc 22, 32)
Esta oración de Cristo asegura la estabilidad de la cátedra, no por los méritos personales del hombre que la ocupa, sino por la intercesión divina que garantiza la perseverancia en la fe apostólica.
En la Pascua, el Señor encomienda a Pedro «pastorear sus ovejas». Por ello, el Papa es el guía visible de la grey de Dios en la tierra.
La Sucesión Apostólica
La Iglesia enseña que la misión confiada por Cristo a Pedro se prolonga a lo largo de los siglos en la figura de los obispos de Roma. Según el Catecismo de la Iglesia Católica y la constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, el Papa es el sucesor de Pedro y, como tal, cabeza del Colegio Episcopal. Esta estructura jerárquica no es una creación histórica posterior, sino la expresión de la voluntad de Cristo de dar estabilidad y unidad a su cuerpo místico.
La autoridad del Papa, ejercida desde la cátedra, tiene como fin último la salvación de las almas y el conocimiento pleno de la verdad. El Romano Pontífice posee una potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con total libertad para el bien de la Iglesia. Esta primacía es, en esencia, un servicio: el Papa es el primero en servir, dando testimonio del amor de Cristo hasta el final. La unión de los fieles con el Papa resulta indispensable para ser testigos auténticos del Evangelio, pues Roma se convierte en el centro de la cristiandad y en símbolo de la unidad universal de todos los bautizados.
¿Cuál es el origen de la Fiesta de la Cátedra de San Pedro?
Originalmente, la Iglesia celebraba la presencia de Pedro en dos de las sedes más importantes de la antigüedad: Antioquía y Roma. El 18 de enero se conmemoraba la Cátedra de San Pedro en Roma, recordando el momento en que el apóstol estableció su sede definitiva en la capital del Imperio. Por su parte, el 22 de febrero se celebraba la Cátedra de San Pedro en Antioquía, ciudad donde Pedro residió y gobernó la comunidad cristiana antes de partir hacia Occidente. Antioquía fue el primer gran centro de la Iglesia procedente de los paganos, marcando un hito en la universalidad de la misión apostólica.
La elección del 22 de febrero tiene raíces en la cultura romana antigua. En los últimos días de ese mes, los romanos celebraban los Parentalia, ritos funerarios en los que se visitaban las tumbas de los antepasados y se colocaba una silla vacía para simbolizar su presencia en los banquetes familiares. Los primeros cristianos de Roma adoptaron y transformaron esta costumbre para honrar a sus “padres en la fe”, especialmente a San Pedro en el Vaticano y a San Pablo en la vía de Ostia. Con el tiempo, esta práctica evolucionó hacia una celebración de la “sede” como símbolo de la enseñanza viva del apóstol, que permanecía entre ellos a través de sus sucesores.
Con el propósito de simplificar el calendario y resaltar el significado teológico único del ministerio petrino, el Papa Pablo VI unificó ambas celebraciones. Desde entonces, la Iglesia celebra una sola Fiesta de la Cátedra de San Pedro, Apóstol el 22 de febrero. Esta unificación subraya que, más allá del lugar geográfico, lo que se honra es el cargo de Pastor Supremo de la Iglesia conferido por Cristo. La fecha del 22 de febrero prevaleció por su antigüedad histórica, pues ya estaba documentada en el Cronógrafo del año 354, el calendario litúrgico más antiguo de la sede romana.
Indulgencias plenarias
Para ganar la indulgencia plenaria —la remisión total de la pena temporal por los pecados ya perdonados— el 22 de febrero, el fiel debe cumplir las siguientes condiciones generales :
- Exclusión de todo afecto al pecado: Incluso de los pecados veniales.
- Confesión Sacramental: Realizada unos días antes o después de la fiesta.
- Comunión Eucarística: Recibida preferiblemente el mismo día.
- Oración por las intenciones del Romano Pontífice: Generalmente un Padre Nuestro y un Ave María.
- Obra prescrita: Participar piadosamente en una Santa Misa dedicada a la Cátedra de San Pedro o recitar solemnemente la profesión de fe ante una representación del apóstol.
La Oración por el Sumo Pontífice
Una de las tradiciones más bellas vinculadas a esta fiesta es el rezo del Oremus pro Pontífice (Oremos por el Papa).
V. Oremos por nuestro Pontífice (N.).
R. El Señor lo conserve, le dé vida y lo haga dichoso en la tierra.
V. Tú eres Pedro.
R. Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
Oración Final
Oh Dios, pastor y guía de todos los fieles, mira propicio a tu siervo, a quien has querido hacer pastor y jefe de tu Iglesia; haz que con su ejemplo y palabra aproveche a los que preside.
La reliquia de la Cátedra de San Pedro
Se trata de un antiguo trono de madera adornado con elementos de gran valor histórico y arqueológico. La Iglesia conserva este objeto como un símbolo de la continuidad del magisterio papal y la estabilidad del primado a través de las diversas eras de la historia.
El monumento alcanza los 14,74 metros de altura y contiene 74 toneladas de bronce. En su centro, un gran trono de bronce dorado guarda la reliquia de madera original. El respaldo del trono muestra un relieve de Cristo confiando el rebaño a Pedro con la frase “Pasce oves meas” (“Apacienta mis ovejas”). A los lados, se distinguen bajorrelieves de la Entrega de las llaves y del Lavado de los pies, recordando que la autoridad en la Iglesia es, ante todo, servicio.
La base del trono está sostenida por cuatro figuras monumentales de casi seis metros de altura que representan a los grandes Doctores de la Iglesia: San Ambrosio y San Agustín por la tradición latina, y San Atanasio y San Juan Crisóstomo por la tradición griega. Esta disposición simboliza que la enseñanza del Papa se apoya en la sólida tradición teológica de Oriente y Occidente. Coronando el conjunto, una “Gloria” de ángeles rodea una vidriera de alabastro con la paloma del Espíritu Santo, cuya luz natural parece descender sobre la cátedra, signo de la asistencia divina que guía al Papa en su magisterio.
Cada 22 de febrero, la Cátedra de San Pedro de Bernini se ilumina de forma especial con más de cien velas, creando una atmósfera de profunda veneración. Y la escultura de San Pedro de bronce ubicada en la entrada de la Basílica, es revestida con ornamentos papales.
La festividad es también un recordatorio de que no se puede alcanzar la salvación solo; ser cristiano implica vivir en comunidad y en comunión con la Iglesia universal.
La Cátedra es el centro visible de esta unidad. Al rezar por el Papa, el fiel no solo apoya a un líder humano, sino que fortalece el fundamento mismo de su propia fe.
La unidad de las Iglesias particulares, con sus diversas tradiciones, bajo el primado de la Cátedra de Pedro, no es un obstáculo, sino un estímulo para la unidad querida por Cristo.
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¿Qué es la Cátedra de San Pedro Apóstol?
La palabra «cátedra» significa simplemente «asiento» o «silla». En la Iglesia, es el lugar desde donde un obispo o maestro enseña con autoridad.
¿Qué significa la Cátedra de San Pedro Apóstol?
Más que un objeto, es un símbolo de unidad y enseñanza.
¿El Papa se sienta en la Cátedra de San Pedro?
Físicamente, la «silla» original es una reliquia de madera muy antigua que se guarda dentro de un impresionante monumento de bronce diseñado por el artista Bernini en el Vaticano.
¿Cuándo se celebra la Cátedra de San Pedro?
Se celebra todos los años el 22 de febrero. Antiguamente había dos fechas distintas (una para recordar a Pedro en la ciudad de Antioquía y otra en Roma), pero en 1969 la Iglesia decidió unificarlas en este día para resaltar que la autoridad del Papa es una sola para todo el mundo.