Via Crucis de San Alfonso María de Ligorio

por | Vida espiritual

El Vía Crucis o Camino a la Cruz es una de las más antiguas devociones practicadas por los católicos en todo el mundo. Se cree que la primera en rezarlo fue la Santísima Virgen, quien acompañó al Señor en cada uno de los momentos de su Pasión. Luego de la sepultura de su Hijo, regresó al Cenáculo junto con San Juan. Recorrió nuevamente los mismos caminos que durante aquel día había atravesado siguiendo los pasos de su Hijo que cargaba con la cruz. Y allí donde iba encontrando algún rastro, se detenía, rezaba y recolectaba reliquias. 

La Iglesia nos recomienda rezar el Vía Crucis cada viernes de Cuaresma por diversas razones. En primer lugar, el Vía Crucis nos invita a detener el ritmo acelerado de cada día para volver la mirada al misterio central de nuestra fe: el amor de Jesús manifestado en su Pasión. En cada estación contemplamos un momento concreto de su dolor, pero no como un simple recuerdo histórico, sino como la expresión suprema de un amor que se entrega sin medida. Meditar este camino nos ayuda a comprender que cada paso hacia el Calvario fue dado por nosotros.

Al recorrer las estaciones, no solo evocamos lo que Cristo padeció, sino que dejamos que su experiencia ilumine la nuestra. El sufrimiento forma parte de la condición humana, y el Vía Crucis nos enseña que no estamos solos en nuestras pruebas. Jesús ha recorrido primero el camino del dolor y lo ha transformado en camino de redención. Al unir nuestras cruces a la suya, descubrimos que también nuestros momentos difíciles pueden ayudar en su obra redentora.

Especialmente durante la Cuaresma, esta práctica adquiere un sentido aún más profundo. El Vía Crucis se convierte en una oportunidad para examinar nuestra vida a la luz de la Pasión del Señor. Frente a su entrega generosa, reconocemos nuestras faltas, nuestras indiferencias y todo aquello que nos aleja de Dios. Así, la meditación de cada estación puede despertar en nosotros un sincero arrepentimiento y el deseo concreto de conversión.

Más que una simple devoción, el Vía Crucis es un verdadero camino de oración. Cada estación nos invita al silencio interior, a la contemplación y al diálogo íntimo con Dios. En ese clima de recogimiento, aprendemos a mirar nuestras propias dificultades desde la perspectiva de la cruz, descubriendo que, unidos a Cristo, incluso el sufrimiento adquiere un sentido nuevo. Es un tiempo privilegiado para acercarnos más al Señor y fortalecer nuestra vida espiritual.

Puedes utilizar la aplicación Horarios de Misa para encontrar la iglesia católica más cercana con horarios de Misa, Confesión y Adoración. Seguro te servirá! Descárgala ahora.

¿Qué es el Viacrucis?

El Vía Crucis es una práctica de piedad que invita a los fieles a acompañar espiritualmente a Jesús en las horas más dolorosas de su vida terrena: su Pasión y su Muerte. A lo largo de catorce momentos —llamados tradicionalmente estaciones— se contemplan los episodios que van desde la condena en el pretorio hasta su sepultura.

La expresión latina Vía Crucis significa literalmente “Camino de la Cruz”. Hace referencia al recorrido que realizó Nuestro Señor desde el tribunal de Poncio Pilato hasta el monte Calvario. Con el paso del tiempo, este nombre pasó también a designar la oración misma mediante la cual los cristianos meditan, paso a paso, los acontecimientos de ese camino redentor.

La estructura del ejercicio es sencilla y profundamente meditativa. A cada estación corresponde una escena concreta de la Pasión. Los fieles se detienen brevemente ante cada una de ellas —de ahí el nombre de “estación”— para contemplar el misterio, elevar oraciones y hacer actos de arrepentimiento, gratitud y amor. Las oraciones que acompañan cada momento suelen tener un marcado tono penitencial, para mover a las almas al dolor por sus pecados e incrementar en ellas el amor al Salvador.

Tradicionalmente, el Vía Crucis se realiza de pie y, en determinados momentos, de rodillas (especialmente en la 12° estación, cuando Jesús muere en la cruz). Está pensado como un recorrido: se avanza de una estación a otra, recordando físicamente el trayecto de Jesús hacia el Calvario. Por eso, en los templos, las imágenes o relieves que representan las estaciones suelen disponerse a lo largo de las paredes. Cuando se reza en casa, puede ser de gran ayuda tener a la vista imágenes de la Pasión, que faciliten la contemplación y ayuden a imaginar los sufrimientos del Señor.

Los orígenes de esta devoción se remontan a los primeros siglos del cristianismo. Desde muy temprano, los fieles sintieron el deseo de honrar los lugares santificados por la Pasión de Cristo en Jerusalén. Un testimonio especialmente valioso es el de la peregrina hispana conocida como Egeria (o Silvia), quien en el siglo IV viajó a Tierra Santa. En su relato, la Peregrinatio, describe cómo los cristianos de Jerusalén recorrían durante la Semana Santa el camino hacia el Calvario, meditando los acontecimientos allí sucedidos.

En cuanto a las estaciones, la mayoría encuentran su fundamento en los relatos evangélicos. Algunas otras, en cambio, proceden de la tradición viva de la Iglesia, que a lo largo de los siglos ha profundizado y completado la contemplación de estos misterios con escenas transmitidas por la piedad cristiana.

¿Cómo rezar el Via Crucis de San Alfonso?

El santo obispo nos recomienda:

Arrodíllate ante el altar, haz un Acto de Contrición, y forma la intención de ganar las indulgencias bien para ti, o para las almas en el Purgatorio.

La estructura del Via Crucis de San Alfonso es la siguiente:

  • Por la señal de la santa cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro +
    En el nombre del Padre + y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.
  • Acto de contrición,
  • Anuncio de la estación,
  • Quien guía dice:

    Te adoramos Cristo y te bendecimos

  • Los fieles responden

    Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

  • Un texto para meditar,
  • Una oración alusiva,
  • 1 Padre Nuestro, 1 Ave María y 1 Gloria,
  • Se canta una estrofa de algún cántico cuaresmal mientras se avanza a la siguiente estación.
  • Al finalizar, se reza la Oración ante un crucifijo, 5 Padrenuestros, 5 Avemarías y 5 Glorias por las cinco llagas de Jesucristo y 1 Padrenuestro, 1 Avemaría y 1Gloria por las intenciones del Santo Padre y para ganar las indulgencias del viacrucis. 

Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Vos anduvisteis con tan grande amor este camino para morir por mí, y yo os he ofendido tantas veces apartándome de Vos por el pecado; mas ahora os amo con todo mi corazón, y porque os amo, me arrepiento sinceramente de todas las ofensas que os he hecho. Perdonadme, Señor, y permitidme que os acompañe en este viaje. Vais a morir por mi amor, pues yo también quiero vivir y morir por el vuestro, amado Redentor mío. Sí, Jesús mío, quiero vivir siempre y morir unido a Vos.

R. Amén.

1° Estación: Jesús es sentenciado a muerte

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, después de haber sido azotado y coronado de espinas, fue injustamente sentenciado por Pilato a morir crucificado.

(Aquí se hace una pequeña pausa para considerar brevemente el misterio, y lo mismo en las demás estaciones.)

Adorado Jesús mío: mis pecados fueron más bien que Pilato, los que os sentenciaron a muerte. Por los méritos de este doloroso paso, os suplico que me asistáis en el camino que va recorriendo mi alma para la eternidad. Os amo, ¡oh Jesús mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

2° Estación: Jesús carga con la cruz

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, andando este camino con la cruz a cuestas, iba pensando en ti y ofreciendo a su Padre por tu salvación la muerte que iba a padecer.

Pausa para meditar.

Amabilísimo Jesús mío: abrazo todas las tribulaciones que me tenéis destinadas hasta la muerte, y os ruego, por los méritos de la pena que sufristeis llevando vuestra Cruz, me deis fuerza para llevar la mía con perfecta paciencia y resignación. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

3° Estación: Jesús cae por primera vez

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera esta primera caída de Jesús debajo de la Cruz. Sus carnes estaban despedazadas por los azotes; su cabeza coronada de espinas, y había ya derramado mucha sangre, por lo cual estaba tan débil, que apenas podía caminar; llevaba al mismo tiempo aquel enorme peso sobre sus hombros y los soldados le empujaban; de modo que muchas veces desfalleció y cayó en este camino.

Pausa para meditar.

Amado Jesús mío: más que el peso de la Cruz, son mis pecados los que os hacen sufrir tantas penas. Por los méritos de esta primera caída, libradme de incurrir en pecado mortal. Os amo, ¡oh Jesús, amor mio !, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

4° Estación: Jesús se encuentra con su Santísima Madre

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera el encuentro del Hijo con su Madre en este camino. Se miraron mutuamente Jesús y María, y sus miradas fueron otras tantas flechas que traspasaron sus amantes corazones.

Pausa para meditar.

Amantísimo Jesús mío: por la pena que experimentasteis en este encuentro, concededme la gracia de ser verdadero devoto de vuestra Santísima Madre. Y Vos, mi afligida Reina, que fuisteis abrumada de dolor, alcanzadme con vuestra intercesión una continua y amorosa memoria de la Pasión de vuestro Hijo. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

5° Estación: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo los judíos, al ver que Jesús iba desfalleciendo cada vez más, temieron que se les muriese en el camino y, como deseaban verle morir de la muerte infame de Cruz, obligaron a Simón el Cirineo a que le ayudase a llevar aquel pesado madero.

Pausa para meditar.

Dulcísimo Jesús mío: no quiero rehusar la Cruz, como lo hizo el Cirineo, antes bien la acepto y la abrazo; acepto en particular la muerte que tengáis destinada para mí, con todas las penas que la han de acompañar, la uno a la vuestra, y os la ofrezco. Vos habéis querido morir por mi amor; yo quiero morir por el vuestro y por daros gusto; ayudadme con vuestra gracia. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

6° Estación: La Verónica Limpia El Rostro De Jesús

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo la devota mujer Verónica, al ver a Jesús tan fatigado y con el rostro bañado en sudor y sangre, le ofreció un lienzo y limpiándose con él nuestra Señor, quedó impreso en éste su santa imagen.

Pausa para meditar.

Amado Jesús mío: en otro tiempo vuestro rostro era hermosisímo; mas en este doloroso viaje, las heridas y la sangre han cambiado en fealdad su hermosura. ¡Ah Señor mío, también mi alma quedó hermosa a vuestros ojos cuando recibí la gracia del bautismo, mas yo la he desfigurado después con mis pecados. Vos sólo, ¡oh Redentor mío!, podéis restituirle su belleza pasada: hacedlo por los méritos de vuestra Pasión. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

7° Estación: Jesús cae por segunda vez

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera la segunda caída de Jesús debajo de la Cruz, en la cual se le renueva el dolor de las heridas de su cabeza y de todo su cuerpo al afligido Señor.

Pausa para meditar.

Oh, pacientísimo, Jesús mío. Vos tantas veces me habéis perdonado, y yo he vuelto a caer y a ofenderos. Ayudadme, por los méritos de esta nueva caída, a perseverar en vuestra gracia hasta la muerte. Haced que en todas las tentaciones que me asalten, siempre y prontamente me encomiende a Vos. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

8° Estación: Las mujeres de Jerusalén lloran Por Jesús

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo algunas piadosas mujeres, viendo a Jesús en tan lastimoso estado, que iba derramando sangre por el camino, lloraban de compasión; mas Jesús les dijo:

No lloréis por mí, sino por vosotras mismas y por vuestros hijos.

Pausa para meditar.

Afligido Jesús mío: lloro las ofensas que os he hecho, por los castigos que me han merecido, pero mucho más por el disgusto que os he dado a Vos, que tan ardientemente me habéis amado. No es tanto el infierno, como vuestro amor, el que me hace llorar mis pecados. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

9° Estación: Jesús cae por tercera vez

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera la tercera caída de Jesucristo. Extremada era su debilidad y excesiva la crueldad de los verdugos, que querían hacerle apresurar el paso, cuando apenas le quedaba aliento para moverse.

Pausa para meditar.

Atormentado, Jesús mío: por los méritos de la debilidad que quisisteis padecer en vuestro camino al Calvario, dadme la fortaleza necesaria para vencer los respetos humanos y todos mis desordenados y perversos apetitos, que me han hecho despreciar vuestra amistad. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

10° Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo al ser despojado Jesús de sus vestiduras por los verdugos, estando la túnica interior pegada a las carnes desolladas por los azotes, le arrancaran también con ella la piel de su sagrado cuerpo. Compadece a tu Señor y dile:

Pausa para meditar.

Inocente, Jesús mío: por los méritos del dolor que entonces sufristeis, ayudadme a desnudarme de todos los afectos a las cosas terrenas, para que pueda yo poner todo mi amor en Vos, que tan digno sois de ser amado. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

11° Estación: Jesús es clavado en la cruz

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, tendido sobre la Cruz, alarga sus pies y manos y ofrece al Eterno Padre el sacrificio de su vida por nuestra salvación; le enclavan aquellos bárbaros verdugos y después levantan la Cruz en alto, dejándole morir de dolor, sobre aquel patíbulo infame.

Pausa para meditar.

Oh, despreciado Jesús mío. Clavad mi corazón a vuestros pies para que quede siempre ahí amándoos y no os deje más. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido: no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez: haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

12° Estación: Jesús muere en la cruz

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, después de tres horas de agonía, consumido de dolores y exhausto de fuerzas su cuerpo, inclina la cabeza y expira en la Cruz.

Pausa para meditar.

Oh, difunto Jesús mío. Beso enternecido esa Cruz en que por mí habéis muerto. Yo, por mis pecados, tenía merecida una mala muerte, mas la vuestra es mi esperanza. Ea, pues, Señor, por los méritos de vuestra santísima muerte, concededme la gracia de morir abrazado a vuestros pies y consumido por vuestro amor. En vuestras manos encomiendo mi alma. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

13° Estación: Jesús es descendido de la cruz

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo, habiendo expirado ya el Señor, le bajaron de la Cruz dos de sus discípulos, José y Nicodemo, y le depositaron en los brazos de su afligida Madre, María, que le recibió con ternura y le estrechó contra su pecho traspasado de dolor.

Pausa para meditar.

Oh, Madre afligida. Por el amor de este Hijo, admitidme por vuestro siervo y rogadle por mí. Y Vos, Redentor mío, ya que habéis querido morir por mí, recibidme en el número de los que os aman más de veras, pues yo no quiero amar nada fuera de Vos. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

14° Estación: Jesús es sepultado

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo los discípulos llevaron a enterrar o Jesús, acompañándole también su Santísima Madre, que le depositó en el sepulcro con sus propias manos. Después cerraron la puerta del sepulcro y se retiraron.

Pausa para meditar.

Oh, Jesús mío sepultado. Beso esa losa que os encierra. Vos resucitasteis después de tres días; por vuestra resurrección os pido y os suplico me hagáis resucitar glorioso en el día del juicio final para estar eternamente con Vos en la Gloria, amándoos y bendiciéndoos. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

Oraciones finales

Oración ante un crucifijo

Miradme, Oh mi amado y buen Jesús,
Postrado ante Vuestra santísima presencia.
Os ruego con el mayor fervor, que imprimáis en mi corazón
vivos sentimientos de Fe, Esperanza y Caridad;
Verdadero dolor de mis pecados, y propósito firmísimo de enmendarme;
Mientras que yo, con todo el amor, y toda la compasión de mi alma,
Voy considerando Vuestras Cinco Llagas;
Teniendo presente aquello que dijo de Vos el santa profeta, David:
“Han taladrado Mis manos y Mis pies, y se pueden contar todos Mis huesos”.
(Salmo 21: 17-18)

Rezar:

  • 5 Padrenuestros, 5 Avemarías y 5 Glorias en honor a las cinco llagas de Jesucristo,
  • 1 Padrenuestro, 1 Avemaría y 1 Gloria por las intenciones del Santo Padre y para ganar las indulgencias del viacrucis. 

Cuando rezamos el Via Crucis revivimos el camino de la cruz. Vamos avanzando tras las huellas de Jesús y de su Santísima Madre. El sentido de esta hermosa práctica cuaresmal es dimensionar lo terriblemente cruel que fue la Pasión del Señor y, en consecuencia, la inmensidad de su amor. Debe despertar en nosotros un gran horror ante el pecado, que fue el causante de todos los sufrimientos del Redentor.

A su vez, en momentos de dolor, recordemos los padecimientos del Salvador y de la Virgen Dolorosa. Nos sentiremos verdaderamente reconfortados al contemplarlos. Nunca olvidemos que luego de la muerte viene la resurrección. En algún momento, llegará el consuelo y la paz que tanto esperamos. Y si no es en esta vida, será en el Cielo.

Puedes utilizar la aplicación Horarios de Misa para encontrar la iglesia católica más cercana con horarios de Misa, Confesión y Adoración ¡Seguro te servirá! Descárgala ahora.

¿Quieres vivir la Cuaresma con devoción? Echa un vistazo a estos artículos que podrán ayudarte:

¿Qué es el Vía Crucis?

El Vía Crucis es una práctica de piedad cristiana que consiste en meditar los momentos más significativos de la Pasión y Muerte de Jesucristo, desde su condena hasta su sepultura. A través de catorce estaciones, los fieles recorren espiritualmente el camino de la Cruz, acompañando al Señor en su entrega redentora y uniéndose a Él mediante la oración y la contemplación.

¿Cuáles son los 14 pasos del Vía Crucis?

Las catorce estaciones tradicionales son:

  1. Jesús es condenado a muerte.
  2. Jesús carga con la cruz.
  3. Jesús cae por primera vez.
  4. Jesús se encuentra con su Madre.
  5. El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
  6. La Verónica enjuga el rostro de Jesús.
  7. Jesús cae por segunda vez.
  8. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
  9. Jesús cae por tercera vez.
  10. Jesús es despojado de sus vestiduras.
  11. Jesús es clavado en la cruz.
  12. Jesús muere en la cruz.
  13. Jesús es bajado de la cruz.
  14. Jesús es colocado en el sepulcro.

La mayoría de estas escenas están tomadas de los Evangelios; algunas provienen de la tradición viva de la Iglesia.

¿Cuáles son las lecturas de las estaciones del Vía Crucis?

Las lecturas del Vía Crucis suelen estar basadas en los relatos de la Pasión según los Evangelios (especialmente los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan). En cada estación se proclama un breve texto bíblico o una meditación inspirada en la Sagrada Escritura, seguido de oraciones y reflexiones. Existen distintos esquemas aprobados por la Iglesia, como el tradicional —muy difundido por San Alfonso María de Ligorio— y otros con textos íntegramente bíblicos.

¿Cuándo se empieza a rezar el Vía Crucis?

El Vía Crucis puede rezarse en cualquier momento del año, pero es especialmente propio del tiempo de Cuaresma. Tradicionalmente comienza a practicarse el Viernes posterior al Miércoles de Ceniza y se reza con mayor frecuencia los viernes cuaresmales, en memoria del día de la Pasión del Señor.

¿A qué hora se reza el Vía Crucis el Viernes Santo?

No existe una hora única establecida por la Iglesia universal. Cada parroquia organiza el Vía Crucis según su cronograma litúrgico. Sin embargo, en muchos lugares se realiza durante la mañana o al mediodía, y en algunos casos por la tarde, antes o después de la Celebración de la Pasión del Señor. Para conocer el horario exacto, es recomendable consultar la parroquia local.

¿Quién fue la mujer que secó el rostro de Jesús?

La mujer que, según la tradición, secó el rostro de Jesús camino al Calvario es conocida como la Verónica. Este episodio no aparece explícitamente en los Evangelios, pero forma parte de la tradición cristiana transmitida a lo largo de los siglos. El nombre “Verónica” se asocia popularmente con la expresión latina vera icon, que significa “verdadera imagen”, en referencia al rostro de Cristo que habría quedado impreso en el paño.

¿Qué significa “Mujer, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu madre”?

Estas palabras fueron pronunciadas por Jesús desde la cruz y están recogidas en el Evangelio según Evangelio según San Juan (Jn 19, 26-27). Dirigiéndose a su Madre y al discípulo amado, el Señor confía a María al cuidado de Juan y, al mismo tiempo, entrega el discípulo a su Madre.

En un sentido inmediato, Jesús asegura que María no quede sola tras su muerte. Pero la Iglesia ha visto en este gesto un significado más profundo: en la persona de Juan —que representa a todos los discípulos— Cristo entrega su Madre a la humanidad. Así, María es reconocida como Madre espiritual de todos los cristianos. Estas palabras, pronunciadas en el momento supremo de la redención, revelan no solo un acto de amor filial, sino también un don para toda la Iglesia.