¿Por qué San Antonio Abad es Patrono de los Animales?

por | Vidas santas

¿Sabías que San Antonio abad, un monje ermitaño del s. IV es el santo patrono de los animales? San Antonio nació en Egipto en el seno de una familia adinerada. Desde niño mostró un carácter sencillo y una profunda devoción. Tras la muerte de sus padres, cuando tenía unos dieciocho o veinte años, quedó a cargo de su hermana menor y de sus bienes.

Poco después, al escuchar en la iglesia el pasaje evangélico en el que Jesús le dice al joven rico: «Vende lo que tienes y dáselo a los pobres«, Antonio sintió que el mensaje era para él. Vendió su herencia, repartió el dinero entre los pobres y puso a su hermana bajo el cuidado de vírgenes de confianza para dedicarse plenamente a la vida contemplativa.

La Iglesia celebra su memoria cada 17 de enero y en este día es común que se bendigan las mascotas. Según la tradición, San Antonio vivía en el desierto en paz con los animales, sin dominarlos por la fuerza. Estos le obedecían por la santidad de su vida. Por ello, desde la Edad Media, especialmente en zonas rurales de Europa, los fieles comenzaron a llevar animales domésticos y de trabajo a las iglesias el día de San Antonio Abad. Pedían protección y salud para la familia y cuidado de los animales que sostenían la economía del hogar. Con el tiempo, esta costumbre se extendió a las mascotas, que hoy ocupan un lugar muy importante en las familias.

En este post te contaremos algunas anécdotas de San Antonio, abad, y los animales, recopiladas por San Atanasio de Alejandría, quien escribió su biografía. 

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¿Quién era San Antonio Abad?

Luego de vender sus bienes, San Antonio, abad, vivió cerca de su casa, trabajando con sus manos para subsistir y dar limosna, mientras aprendía las virtudes de otros ascetas locales. Sin embargo, el demonio lo atacó intensamente, intentando distraerlo con recuerdos de su riqueza, el cuidado de su hermana y tentaciones de lujuria, las cuales Antonio venció con oración y ayuno.

Como quería vivir en mayor soledad, se mudó a unos sepulcros alejados de su aldea. Allí, los demonios lo atacaron físicamente de forma tan brutal que lo dejaron inconsciente y como muerto; sin embargo, tras ser rescatado por un amigo, regresó al mismo lugar para desafiarlos nuevamente. Tras estas pruebas, el Señor se le manifestó en una visión de luz, prometiéndole que siempre sería su auxilio y lo haría famoso en todo el mundo.

A los treinta y cinco años, Antonio se retiró a un fortín desierto en una montaña cerca del río Nilo, donde vivió en aislamiento total durante casi veinte años, recibiendo pan solo dos veces al año. En este periodo, su fama creció tanto que sus amigos forzaron la puerta de su refugio. Al salir, Antonio apareció con un equilibrio asombroso: su cuerpo no estaba demacrado ni obeso, y su alma estaba en perfecta paz. Desde ese momento, se convirtió en padre y guía de muchos. Sanaba enfermos, expulsaba demonios e inspiraba a tantos hombres a abrazar la vida solitaria que «el desierto se pobló de monjes».

Esta vida retirada se interrumpió en solo dos ocasiones. Durante la persecución de Maximino, viajó a Alejandría para asistir a los mártires en las minas y prisiones, deseando él mismo el martirio. Años después, regresó a la ciudad para denunciar la herejía arriana, enseñando que el Hijo de Dios no es una criatura, sino la Palabra eterna del Padre.

Para escapar de las multitudes, se retiró a la «Montaña Interior», en el desierto profundo. Allí cultivaba su propio grano y hortalizas para no ser carga para nadie. En este retiro, tuvo muchas visiones y obró numerosos milagros: curó a personas a distancia, vio el paso de las almas al cielo (como la del monje Ammón) y tuvo visiones del juicio.

Sintiendo que su fin se acercaba a los ciento cinco años, San Antonio, abad realizó una última visita a los monjes de la Montaña Exterior para exhortarlos a mantenerse fieles a la fe ortodoxa y alejados de los cismáticos y arrianos. Pidió a sus dos discípulos más cercanos que enterraran su cuerpo en un lugar secreto para evitar la costumbre egipcia de conservar los cadáveres en las casas. Falleció en paz, con el rostro transfigurado de alegría. Su fama se extendió por todo el Imperio Romano, desde España hasta África, no por sus escritos, sino por su entrega absoluta a Dios.

Anécdotas de San Antonio, abad, con los animales

San Antonio, abad, tenía una santidad de vida y una autoridad espiritual tal que incluso los animales salvajes y la naturaleza la reconocían. Las criaturas del desierto, que normalmente huyen o atacan, reconocían en su voz no a un enemigo, sino a un hombre que vivía en armonía con el Creador. Por ello, la Iglesia ha querido nombrarlo patrono de los animales. 

Entre los relatos más famosos destacan:

El pacto con las fieras de la huerta

Cuando Antonio se retiró a la «Montaña Interior», comenzó a cultivar un pequeño terreno con hortalizas para proveer de alimento a sus visitantes. Sin embargo, los animales del desierto, que acudían al lugar por el agua, solían dañar sus sembrados. Antonio no utilizó la violencia, sino que atrapó a uno de estos animales con suavidad y les habló a todos como si fueran seres racionales, diciéndoles:

¿Por qué me hacen perjuicio si yo no les hago nada a ninguno de ustedes? ¡Váyanse, y en el nombre del Señor no se acerquen otra vez a estas cosas!

San Atanasio relata que, desde aquel momento, los animales respetaron sus órdenes y no volvieron a acercarse al lugar, como si estuvieran atemorizados por su mandato.

El paso seguro entre cocodrilos

En una ocasión, Antonio tuvo que cruzar el canal de Arsinoé para visitar a otros monjes. El canal era extremadamente peligroso porque estaba infestado de cocodrilos. Sin embargo, el santo simplemente realizó una oración y se internó en el agua junto a sus compañeros, cruzando al otro lado sin que ninguno de los reptiles los tocara. Este acto fue visto como una señal de su fe inquebrantable y de la protección divina que lo rodeaba. 

El camello y la fuente milagrosa

Durante un viaje por el desierto con otros monjes, el grupo se quedó sin agua y todos estaban en peligro de muerte por el intenso calor. Habían llevado un camello cargado con provisiones, pero ante la desesperación y la debilidad, se echaron al suelo y dejaron que el animal se fuera. San Antonio, abad movido por la aflicción, se apartó a orar y el Señor hizo brotar una fuente de agua en el lugar donde estaba arrodillado. Tras refrescarse, fueron a buscar al camello y lo encontraron con la cuerda enredada en una piedra; lo llevaron a beber y pudieron concluir su viaje sin más incidentes.

Las bestias como instrumentos del demonio

Es importante notar que Antonio también se enfrentó a los animales en un contexto espiritual. En sus combates contra el maligno, los demonios solían tomar formas de bestias feroces para intentar aterrorizarlo. Las fuentes describen que su celda se llenaba de visiones fantasmagóricas de leones, osos, leopardos, toros, serpientes, escorpiones y lobos. Cada uno actuaba según su naturaleza: el león rugía, el toro intentaba cornearlo y la serpiente se retorcía. San Antonio, abad, sin embargo, se burlaba de ellos diciendo que, si tuvieran poder real, no necesitarían imitar a las bestias ni venir en tal número, pues su debilidad era lo que los obligaba a usar tales disfraces.

Oraciones a San Antonio, abad

Oración a San Antonio, abad para pedir su intercesión

Dios Todopoderoso que impulsaste a San Antonio Abad a abandonar las cosas de este mundo para seguir en pobreza y soledad el Evangelio de tu Hijo, te pedimos que, a ejemplo suyo sepamos desprendernos de todos lo que nos impide amarte y servirte con todo el corazón, el alma y las fuerzas.
Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén

Bendición de los animales

La Iglesia enseña que, como muchos animales, según los designios de la Divina Providencia del Creador, comparten en cierto modo la vida del hombre, por cuanto le sirven de ayuda en su trabajo, o le proporcionan alimento y compañía, nada impide que, en determinadas ocasiones, por ejemplo, en la fiesta de algún santo, como San Antonio, abad, se conserve la costumbre de invocar sobre ellos la bendición de Dios. Esta bendición puede ser hecha por un sacerdote, diácono o laico. 

El ministro, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R: Que hizo el cielo y la tierra.

Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo:

Señor, diste al hombre el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar. (Sal 8, 7)

Luego el ministro, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oh, Dios, que todo lo hiciste con sabiduría,y que, después de crear al hombre a tu imagen, le diste, con tu bendición, el dominio sobre todos los animales, extiende tu mano con benevolencia y concédenos que estos animales nos sirvan de ayuda y nosotros, tus servidores, ayudados con los bienes presentes, busquemos con más confianza los futuros.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Según las circunstancias, el ministro rocía con agua bendita a los presentes y a los animales.

Santo Patrono de los Animales

El patrocinio de San Antonio Abad sobre los animales no se funda en un afecto sentimental ni en una relación romántica con la naturaleza, sino en algo mucho más profundo: la restauración del orden de la creación mediante la santidad.

Según la fe cristiana, el desorden entre el hombre y la creación no es originario. En el designio inicial de Dios, el ser humano fue creado para vivir en armonía con las criaturas, ejerciendo un dominio que no es tiránico, sino sabio, responsable y amoroso. El pecado rompió este equilibrio: el hombre se volvió esclavo de sus pasiones y la creación dejó de reconocerlo como su custodio.

San Antonio Abad encarna, de modo visible, esta armonía recuperada. Al vencer el desorden interior —las pasiones, el apego a los bienes, la soberbia—, su alma volvió a someterse plenamente a Dios. Y cuando el santo se ordena a su Creador, la creación vuelve a ordenarse en torno a él. Por eso los animales no lo temen, no lo atacan, no lo destruyen: reconocen en él a un hombre reconciliado con Dios. Con su santidad, refleja el estado original del hombre. Las bestias no le obedecen por imposición, sino porque su vida refleja el orden querido por Dios desde el principio.

Al bendecir a las mascotas en la fiesta de San Antonio Abad, la Iglesia no eleva al animal al lugar del hombre ni lo absolutiza, sino que recuerda al cristiano su responsabilidad como custodio de la creación y el lugar del animal como creatura. La bendición es, en realidad, una llamada a vivir con mayor coherencia el propio lugar en el mundo: cuidar, agradecer y ordenar todas las cosas a la mayor gloria de Dios.

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¿Quién era San Antonio, abad?

San Antonio Abad fue un monje ermitaño cristiano del siglo IV, nacido en Egipto. Es considerado el Padre del monacato cristiano por haber inspirado la vida retirada, de oración y penitencia que luego adoptaron muchos monjes. Renunció a sus bienes para seguir a Cristo en el desierto y alcanzó una profunda santidad, reconocida incluso por las criaturas y por la autoridad espiritual que ejercía sobre el mal.

¿Qué se le pide a San Antonio, abad?

Los fieles acuden a San Antonio Abad para pedir:

  • protección y salud para los animales,

  • fortaleza en las tentaciones,

  • perseverancia en la fe,

  • paz interior y dominio de las pasiones.

También se le invoca como intercesor en el combate espiritual y en momentos de prueba.

¿Cuál es la leyenda de San Antonio, abad?

La tradición cristiana relata numerosas anécdotas de su vida en el desierto, especialmente su convivencia pacífica con los animales y sus combates contra el demonio, que se le aparecía bajo formas de bestias feroces. Estas narraciones, recogidas por San Atanasio, no son fábulas, sino relatos espirituales que muestran cómo la santidad restaura el orden de la creación.

¿Cuál es el milagro más famoso de San Antonio, abad?

Uno de los milagros más conocidos es el paso seguro entre cocodrilos, cuando San Antonio cruzó un canal peligroso tras hacer oración, sin sufrir daño alguno. Este episodio muestra la protección divina y la confianza absoluta del santo en Dios.

¿Cómo pedirle un milagro a San Antonio, abad?

Para pedir la intercesión de San Antonio Abad, la Iglesia recomienda:

  • acudir a Dios con fe sincera,

  • invocar al santo con humildad y confianza,

  • acompañar la oración con conversión del corazón y perseverancia.

Más que fórmulas especiales, lo esencial es pedir según la voluntad de Dios, confiando en que San Antonio intercede por quienes buscan vivir el Evangelio.

¿Qué protege San Antonio, abad?

San Antonio Abad es patrono de los animales, especialmente los domésticos y de trabajo, y de quienes los cuidan. También es invocado como protector espiritual frente a las tentaciones, las enfermedades y los peligros del alma, por su firmeza en el combate contra el mal y su vida de santidad.