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Pascua Judía y Pascua Católica

por | Fiestas Litúrgicas

Hay una palabra que une al judaísmo y al cristianismo en su celebración más sagrada: Pascua. En hebreo, Pésaj — «paso» o «salto» — alude al acto divino de pasar por alto las casas de los israelitas durante la décima plaga en Egipto. En la fe católica, ese mismo «paso» adquiere su plenitud: ya no es el paso de Dios sobre las casas de un pueblo, sino el paso de Cristo de la muerte a la vida, y con Él, el de toda la humanidad hacia la salvación eterna.

Entender la Pascua judía ayuda a comprender las raíces de la Pascua cristiana. Al entender la Pascua cristiana descubrimos adónde apuntaban todos los ritos que el pueblo de Israel celebró durante siglos.

¿Quieres saber en qué se asemejan y en qué se diferencian la Pascua judía y la Pascua católica? En este post exploraremos su origen común, el simbolismo del Cordero pascual y por qué se celebran en distintas fechas.

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¿Qué es la Pascua judía?

La Pascua judía — Pésaj en hebreo — es la festividad más importante del calendario judío. Conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto narrada en el libro del Éxodo: las diez plagas, el sacrificio del cordero cuya sangre marcó las puertas de los israelitas, la noche del paso de Dios y el cruce del Mar Rojo.

Para el judaísmo, Pésaj no es una conmemoración de un evento pasado. Es una reactualización existencial: cada generación está llamada a sentirse como si ella misma hubiera salido de Egipto. La festividad se extiende durante siete días en la Tierra de Israel y ocho en la diáspora, comenzando el día 15 del mes de Nisán, esto es en luna llena de primavera.

Pero la liberación de Egipto no fue un fin en sí mismo. La teología judía es clara: la libertad física del Éxodo era el camino hacia algo más grande — la recepción de la Torá en el Monte Sinaí y la entrada en la Tierra Prometida. La libertad judía es indisociable de la Ley. Sin la Ley, la liberación no tiene dirección.

¿Qué es la Pascua católica?

La Pascua católica celebra la Resurrección de Jesucristo al tercer día de su muerte. El Catecismo de la Iglesia Católica la llama la «Fiesta de las fiestas» y la «Solemnidad de las solemnidades»: no una fiesta entre otras, sino el centro del año litúrgico y el fundamento de toda la fe cristiana.

Para la Iglesia no es solo la conmemoración de un hecho histórico. Es la actualización sacramental de la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Lo que el pueblo de Israel esperaba — la redención definitiva, el nuevo éxodo, la alianza eterna — encontró su cumplimiento en la Muerte y Resurrección de Jesucristo.

La estructura litúrgica de la Pascua católica se despliega en el Triduo Pascual: el Jueves Santo conmemora la institución de la Eucaristía y el sacerdocio; el Viernes Santo, la Crucifixión y Muerte de Jesús; y la Vigilia Pascual del Sábado Santo, la más solemne celebración del año, anuncia la Resurrección con el fuego nuevo, el Cirio Pascual y el canto del Aleluya.

Diferencias entre la Pascua judía y la Pascua católica

Tanto el judaísmo como el catolicismo reconocen que la magnitud de la Pascua no puede agotarse en una sola jornada. En el judaísmo, Pésaj dura siete u ocho días. Los primeros y últimos días se consideran de fiesta mayor (Iom Tov), en los que se prohíbe el trabajo creativo, mientras que los días intermedios se denominan Jol HaMoed, que permiten ciertas actividades laborales, pero mantienen el espíritu festivo y la dieta estricta de matzá.

En la Iglesia Católica se observa la «Octava de Pascua«, los ocho días que van desde el Domingo de Resurrección hasta el domingo siguiente, conocido como el de la Divina Misericordia. Durante este tiempo, cada día se celebra litúrgicamente con el mismo rango que el Domingo de Resurrección. Así se prolonga la alegría del triunfo de Cristo sobre la muerte. Sin embargo, la celebración católica se expande aún más: el Tiempo Pascual dura cincuenta días y culmina en la solemnidad de Pentecostés. Este periodo recuerda los cincuenta días de la cuenta del Omer judío, tras las cuales el pueblo de Israel recibió la Torá. No es una coincidencia: es una continuidad teológica que la tradición cristiana ha reconocido siempre.

En esta tabla comparativa podemos ver algunas diferencias: 

Categoría Pésaj — Pascua judía Pascua católica
Foco de la celebración El Éxodo y la libertad nacional La Resurrección y la salvación eterna
Duración 7 u 8 días 50 días (Tiempo Pascual hasta Pentecostés)
Elementos centrales Matzá, Maror y las cuatro copas Eucaristía — Cuerpo y Sangre de Cristo
Celebración principal El Séder familiar La Vigilia Pascual comunitaria
Preparación Limpieza del Jametz (leudo) Cuaresma — 40 días de oración y ayuno
Día de inicio 15 de Nisán — cualquier día de la semana Siempre domingo — día de la Resurrección
Culminación teológica Recepción de la Torá en Shavuot El envío del Espíritu Santo en Pentecostés

La Pascua Católica es una continuación de la judía

El Séder y la Última Cena

El punto de encuentro más íntimo entre la Pascua judía y la cristiana es una cena. La noche en que Jesús se reunió con sus apóstoles antes de su Pasión, siguió el orden ritual del Séder de Pésaj. Se trata de una cena ceremonial judía que consta de quince pasos para revivir la liberación de Egipto.

El Séder es mucho más que una cena. Es una transmisión de generación en generación de la historia del pueblo liberado. El instrumento principal es la Hagadá, el libro que compila el relato del Éxodo, oraciones, canciones y comentarios rabínicos. El niño más joven recita tradicionalmente las «Cuatro Preguntas» o Ma Nishtaná, en las que pregunta las diferencias rituales de esa noche. Esta curiosidad es recompensada con el relato y con tradiciones lúdicas como la búsqueda del Afikomán. Es medio pedazo de matzá que se divide en dos durante las primeras etapas de la Seder de Pesaj y se deja de lado para ser comido como postre después de la comida.

Sobre la mesa, el plato del Séder contiene elementos con significados precisos: la matzá — pan sin leudar — recuerda la prisa de la huida; las hierbas amargas (maror) evocan la amargura de la esclavitud; el jaroset representa el mortero que usaban los esclavos; y cuatro copas de vino marcan los momentos del relato.

En esa cena, Jesús tomó el pan ácimo, lo bendijo y lo partió, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía» (Lc 22, 19). Hizo lo mismo con la copa — que la tradición identifica con la tercera copa del Séder, la «copa de la bendición» de la que habla San Pablo (1 Co 10, 16). Y antes de salir hacia el Huerto de Getsemaní, cantó con sus discípulos el Halel — los Salmos 113-118 — el mismo himno que las familias judías recitan hoy en sus hogares cada noche de Pésaj.

Con ese gesto, Jesús no abolió el Séder. Lo cumplió. La matzá — el «pan de la aflicción» — se convirtió en el Pan de Vida. La copa de la bendición, en la copa de la Nueva Alianza. La memoria del Éxodo de Egipto, en el memorial de un éxodo definitivo: el paso de la muerte a la vida eterna.

El Cordero pascual: de Egipto al Calvario

En la noche del Éxodo, Dios mandó a cada familia israelita sacrificar un cordero sin defecto, marcar las puertas con su sangre y comerlo antes del amanecer. Era esa sangre la que protegía al pueblo de la muerte de los primogénitos. Era ese cordero el que hacía posible la libertad.

Durante siglos, Israel repitió ese rito cada año en Pésaj. Y cada año, sin saberlo del todo, estaba prefigurando algo más grande.

San Juan el Bautista fue el primero en pronunciar las palabras en voz alta:

«He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29).

Y el Evangelio de Juan precisa que Jesús murió en la cruz exactamente en el momento en que los sacerdotes sacrificaban los corderos pascuales en el Templo de Jerusalén. No era una coincidencia: era el cumplimiento.

San Pablo lo expresa con una precisión teológica que resume todo:

«Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado» (1 Co 5, 7).

El cordero de la Pascua judía era una figura. Cristo es la realidad. La sangre del cordero en los dinteles de las casas de Egipto protegía de la muerte física durante una noche. La sangre de Cristo en la Cruz redime del pecado y de la muerte para siempre.

La diferencia es total: el cordero de Pésaj debía sacrificarse cada año, sin fin. Cristo se ofrece una vez y para siempre. Y ese sacrificio único, irreptible e infinito es lo que la Iglesia hace presente en cada celebración de la Eucaristía.

¿Por qué la Pascua judía y la católica no coinciden siempre?

Es una de las preguntas más frecuentes — y la respuesta revela dos cosmovisiones distintas del tiempo sagrado.

El calendario judío es lunisolar: los meses siguen las fases de la luna, pero el año se coordina con el ciclo solar para que Pésaj siempre caiga en primavera, como manda la Torá. Como un año lunar tiene once días menos que un año solar, cada diecinueve años se añade un mes extra — Adar II — en siete ocasiones específicas. Pésaj comienza siempre el 15 de Nisán, invariablemente en luna llena de primavera.

El calendario católico sigue una regla fijada en el Concilio de Nicea en el año 325, cuando la Iglesia unificó la celebración de la Pascua para que siempre cayera en domingo — el día de la Resurrección del Señor. La regla establece que la Pascua católica es el primer domingo después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera, fijado convencionalmente el 21 de marzo. Esto hace que la Pascua oscile entre el 22 de marzo y el 25 de abril.

El resultado es que ambas fiestas a veces coinciden, a veces están separadas por días y a veces por semanas. Las Iglesias Ortodoxas, que siguen el calendario juliano para el cálculo del equinoccio, celebran la Pascua a menudo aún más tarde que los católicos.

Pero más allá del calendario, la razón profunda de la diferencia es teológica: el judaísmo fija su Pascua en una fecha — el 15 de Nisán — porque conmemora un evento histórico del pasado. La Iglesia la fija en un día de la semana — el domingo — porque celebra un misterio que vive en el presente: Cristo resucitado, el Señor del tiempo y de la historia.

Sermón 375 de San Agustín

Los sacramentos pascuales

1. Como proclamó la verdad por boca de los apóstoles, llegando su sonido a toda la tierra y sus palabras hasta el confín del orbe, ha sido inmolado Cristo, nuestra Pascua2. De él había predicho antes el profeta lo siguiente: Fue conducido como oveja al sacrificio, y como un cordero que, ante el trasquilador, se mantuvo sin voz, así él no abrió su boca3. ¿Quién es éste? Aquel de quien dice a continuación: Soportó su juicio con humildad. ¿Quién narrará su nacimiento?4 Contemplo un ejemplo de tan gran humildad en un rey de tan gran poder. Pues este que, como cordero ante el trasquilador, no abrió boca es el león de la tribu de Judá5. ¿Quién es este, cordero y león a la vez? En cuanto cordero, sufrió la muerte, y en cuanto león, la aniquiló. ¿Quién es éste, cordero y león a la vez? El que es manso y fuerte, amable y terrible, inocuo y poderoso, silente al ser juzgado6 y rugiente al juzgar. ¿Quién es éste, cordero y león a la vez? Cordero en la pasión, león en la resurrección. ¿O fue cordero y león a la vez tanto en la pasión como en la resurrección? Veámosle como cordero en la pasión. Ya lo he dicho poco ha: Como un cordero ante el trasquilador, se mantuvo sin voz, así él no abrió su boca. Veámosle como león en la pasión. Dijo Jacob: Subiste, y, acostado, dormiste como un león7. Veamos al cordero en la resurrección. El Apocalipsis dice, hablando de la gloria eterna de las vírgenes: Siguen al cordero adondequiera que va8. Veamos al león en la resurrección. El mismo Apocalipsis dice lo que ya antes mencioné: Ha vencido el león de la tribu de Judá para abrir el libro9. ¿Por qué es cordero en la pasión? Porque recibió la muerte sin iniquidad ninguna. ¿Por qué es león en la pasión? Porque, muerto, dio muerte a la muerte. ¿Por qué es cordero en la resurrección? Porque su inocencia es eterna. ¿Por qué es león en la resurrección? Porque es eterno su poder.

2. ¿Quién es este, cordero y león a la vez? ¿En qué sentido preguntas quién es? Si preguntas qué era antes: En el principio existía la Palabra. Si dónde estaba: Y la Palabra estaba junto a Dios. Si qué Palabra era: La Palabra era Dios. Si preguntas por su poder: Todo fue creado por ella. Y si quieres saber qué se hizo ella: Y la Palabra se hizo carne10. Si preguntas cómo nació, ya de padre sin madre, ya de madre sin padre: ¿Quién narrará su nacimiento?11 Engendrado por el eterno y coeterno con quien le engendró; permaneciendo Palabra y hecho carne; creador de todos los tiempos y creado en el momento adecuado; presa de la muerte y depredador de la misma; el más deforme, por condescendencia, entre los hijos de los hombres, y el más hermoso, por su belleza, entre ellos; que sabe sufrir la debilidad12 y sabe eliminarla; excelso que realiza cosas humildes, y humilde que obra cosas excelsas; Dios hombre y hombre Dios; primogénito y creador de los primogénitos; único y hermano de muchos; nacido de la sustancia del Padre y hecho partícipe de los adoptados ; Señor de todos y siervo de muchos. Este es el cordero que quita los pecados del mundo13; este es el león que vence a los reinos del mundo. Preguntábamos quién era éste; preguntemos quiénes son aquellos por quienes murió. ¿Acaso por los justos y santos? No es esto lo que dice el Apóstol, sino, más bien, que Cristo murió por los impíos14; no ciertamente para que permaneciesen siéndolo, sino para que con la muerte del justo se hiciese justo el impío y, derramada la sangre sin pecado, se borrase el recibo del pecado15.

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¿Cuál es la diferencia entre la Pascua judía y la Pascua católica?

La Pascua judía — Pésaj — conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto narrada en el Éxodo. La Pascua católica celebra la Resurrección de Jesucristo. Para la fe católica, la Pascua judía es la prefiguración de la cristiana: el cordero pascual, la sangre en el dintel y el paso del Mar Rojo apuntaban hacia Cristo, el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

¿Tenía Jesús la Última Cena en el contexto de la Pascua judía?

Sí. Los Evangelios sinópticos presentan la Última Cena como una cena pascual celebrada en el marco del Séder de Pésaj. Jesús siguió el ritual judío pero lo reconfiguró completamente: identificó el pan ácimo con su Cuerpo y el vino con su Sangre, instituyendo la Eucaristía como el memorial de la Nueva Alianza.

¿Por qué la Pascua judía y la católica no siempre coinciden?

Porque utilizan sistemas calendáricos distintos. La Pascua judía comienza siempre el 15 de Nisán, fecha fija del calendario lunisolar hebreo que coincide con la luna llena de primavera. La Pascua católica, por norma del Concilio de Nicea del año 325, cae siempre en domingo — el primer domingo tras la primera luna llena después del equinoccio de primavera. Ambos sistemas pueden coincidir o separarse por días o semanas.

¿Qué es el Séder de Pésaj?

Es la cena ceremonial de la Pascua judía, celebrada en las dos primeras noches de la festividad. Sigue un orden de quince pasos — séder significa «orden» en hebreo — diseñados para que cada participante experimente personalmente el paso de la esclavitud a la libertad. Sus elementos principales son la matzá, las hierbas amargas, el jaroset y las cuatro copas de vino.

¿Qué significa que Cristo es el Cordero Pascual?

Significa que Jesús es el cumplimiento de lo que el cordero sacrificado en la Pascua judía prefiguraba. Así como la sangre del cordero en los dinteles de Egipto protegía de la muerte, la sangre de Cristo en la Cruz redime a la humanidad del pecado y la muerte eterna. A diferencia del cordero de Pésaj, que debía sacrificarse cada año, Cristo se ofrece una sola vez y para siempre — y ese sacrificio único se hace presente en cada celebración de la Eucaristía.