4 Consejos de Don Bosco para la Cuaresma

por | Vida espiritual

La Iglesia, con sabiduría maternal, nos ofrece a lo largo del año los llamados tiempos litúrgicos. Su finalidad es reflejar la vida de Nuestro Señor Jesucristo en la liturgia: sus misterios, sus pasos, sus dolores y sus glorias se hacen presentes en la Santa Misa, en el Oficio Divino y en las celebraciones propias de cada tiempo.

Entre todos los tiempos litúrgicos, hay dos que la Iglesia denomina tiempos fuertes: el Adviento y la Cuaresma. Son momentos de especial recogimiento, de renuncia al pecado, de conversión sincera. Tiempos que buscan transformarnos en Cristo, porque Él es el objetivo y el modelo de toda auténtica renovación interior.  Por ello, el Señor concede gracias especiales para imitar su vida durante la Cuaresma.

No olvidemos que ser cristianos implica ser otros cristos en el mundo y que nuestro objetivo es la santidad. San Pedro nos exhorta:

Como hijos obedientes, no procedan de acuerdo con los malos deseos que tenían antes, mientras vivían en la ignorancia. Así como aquel que los llamó es santo, también ustedes sean santos en toda su conducta, de acuerdo con lo que está escrito: Sean santos, porque Yo soy santo. (Pe 1, 14-16)

La Cuaresma, en particular, es una preparación. Es un morir a nosotros mismos para resucitar con y en Cristo. Y si la vivimos con fervor, puede ser un tiempo de gran crecimiento espiritual.

El tiempo de Cuaresma nos conduce hacia las celebraciones más sublimes de todo el año litúrgico: el Triduo Pascual, en el que revivimos la obra redentora. En el Jueves Santo contemplamos la institución de la Eucaristía y del sacerdocio en la Misa de la Cena del Señor. Luego acompañamos a Cristo en el Huerto de los Olivos, en su oración llena de angustia y en su entrega a la Voluntad del Padre. El Viernes Santo nos detenemos ante su dolorosa Pasión. El Sábado Santo se abre con la soledad de María, esa fe firme que conservó intacta la esperanza en la Resurrección.

Y finalmente llega la gran noche: la Vigilia Pascual. La celebración más importante de todo el año litúrgico. Comienza en la oscuridad, cuando se bendice el fuego nuevo, símbolo de Cristo que rompe las tinieblas del pecado y de la muerte. La luz se expande, el pregón pascual proclama la victoria, y con la Resurrección, comienza el tiempo de Pascua: cincuenta días de alegría por el triunfo definitivo del Señor.

Qué hermoso y qué decisivo es este tiempo. En la medida en que nos preparemos bien durante la Cuaresma, llegaremos al Triduo Pascual —y especialmente a la Vigilia Pascual— con un corazón más puro, más dispuesto, más abierto a la gracia. Por eso, vale la pena preguntarnos: ¿cómo vivir esta Cuaresma de manera concreta? ¿Qué actitudes adoptar para que sea verdaderamente fecunda?

Aquí es donde los santos —y de modo particular San Juan Bosco— se convierten en guías seguros.

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Consejos de Don Bosco para la Cuaresma

San Juan Bosco, basándose en su experiencia con los jóvenes del oratorio, recomendó una serie de propósitos prácticos centrados en el dominio de los sentidos y la caridad cotidiana para que el «cuerpo no mande» sobre el espíritu. 

El Ayuno de los Sentidos

El ayuno nos ayuda a dominar nuestras pasiones y nuestros deseos desenfrenados o desequilibrados de placer. Don Bosco enfatizaba que la mortificación no solo debe ser alimenticia, sino que debe involucrar lo que percibimos y comunicamos:

  • Ayunar con los ojos: Consiste en evitar mirar imágenes, fotografías o pinturas que sean contrarias a la pureza o la modestia. Asimismo, instaba a jamás leer libros inmorales o aquellos que fueran en contra de la fe. Una excelente forma de llevar a cabo este ayuno hoy es limitar u omitir el uso de redes sociales. También, reducir el consumo de series y priorizar aquellas con contenido sano (y católico/cristiano de ser posible). Por supuesto, si se presenta alguna escena inapropiada, cambiar inmediatamente o apagar el televisor. 
  • Ayunar con los oídos: Recomendaba huir de conversaciones que ofendan la pureza, así como negarse a participar o escuchar chismes y murmuraciones.
  • Ayunar con la lengua: Este propósito incluye no escandalizar a los demás, evitar las bromas pesadas y dejar de hablar mal de otras personas. Una excelente práctica es la de salvar la intención del prójimo y huir de todo juicio. Y si es evidente que obró con maldad, tener misericordia de él porque es un alma engañada por el enemigo y rezar por su conversión. 

Mortificaciones en la Vida Cotidiana

Para el santo, el autodominio se refleja en la actitud ante las pequeñas dificultades del día:

  • No quejarse: Recomendaba no andar quejándose de las inclemencias del tiempo, específicamente del calor o del frío. También podemos llevar a cabo este consejo en otras circunstancias: ante el cansancio, el hambre, algún inconveniente con un compañero o familiar ¡Qué mejor que ofrecer al Señor estas situaciones!
  • Paciencia ante las contrariedades: Proponía soportar con temple los problemas o dificultades que surgen habitualmente. Además, verlas con ojos de fe: Dios las permite para nuestro bien y nada se escapa de sus planes. 
  • Evitar el mal ejemplo: Destacaba la importancia de cuidar la conducta personal para no ser un tropiezo para los demás. No podemos ayunar, hacer limosna y rezar en lo privado y en lo público, comportarnos como mundanos. Hay que ser coherentes. Nuestro buen ejemplo de vida puede llevar muchas almas a la conversión. 

Vivir la caridad fraterna

Don Bosco veía en la convivencia una oportunidad única para vivir un espíritu de penitencia espiritual:

 

  • Tolerancia: Un propósito central era tolerar con caridad los defectos de los demás.
  • Silencio caritativo: Sugería el esfuerzo concreto de no hablar mal de aquella persona sobre la cual se tiene la costumbre de hacer comentarios negativos. 

Cultivar la Vida Sacramental

Finalmente, Don Bosco recordaba que ninguna práctica externa tiene sentido sin una unión íntima con Jesús. Por ello, insistía en la comunión frecuente y con fervor. Recomendaba recibir el Santísimo Sacramento con un espíritu de profundo agradecimiento por la presencia del Señor en el altar. 

¿Cómo vivir bien la Cuaresma?

Ante todo, recordemos que la Cuaresma es un tiempo de oración, un tiempo de recogimiento, un desierto espiritual que nos va a preparar también para recibir las gracias del Triduo pascual con un corazón todavía más preparado.

Nos obliga a morir a nuestra voluntad para depender totalmente de la voluntad de Dios. Por eso, es un tiempo especial para discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas, para tomar decisiones y para pedir gracias. 

Se trata de 40 días de combate espiritual, en los que imitamos a nuestro Señor Jesucristo en el desierto. No solo aprendemos a combatir, sino que nos vamos fortaleciendo. Nos prepara, nos va purificando y también nos ayuda a crecer en el amor a Dios, al renunciar a aquello que le desagrada.  

Precisamente, todos los mandamientos de nuestro Señor se concentran en uno solo: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Esto es justamente el objetivo de la Cuaresma: aumentar nuestro amor y nuestra unión con Dios. A su vez, se manifiesta en el amor a aquellos que nos rodean. A Dios no lo vemos, pero al prójimo sí. Entonces, por medio del amor al prójimo, amamos a Dios y nos acercamos más a Él.

Por último, nuestra cruz cuaresmal tiene un sentido redentor. Con nuestros padecimientos nos unimos a los padecimientos de nuestro Señor Jesucristo durante su vida terrenal, particularmente durante su pasión y su muerte en la cruz. Y por medio de ellos, podemos colaborar en la salvación de las almas. 

Pidamos a San Juan Bosco la gracia de practicar sus consejos y de vivir con fervor y devoción este tiempo de Cuaresma. 

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¿Quieres vivir la Cuaresma con devoción? Echa un vistazo a estos artículos que podrán ayudarte:

¿Qué son los tiempos fuertes de la Iglesia?

Los tiempos fuertes son períodos del año litúrgico dedicados a una preparación espiritual más intensa. La Iglesia reconoce especialmente dos: el Adviento y la Cuaresma. Ambos invitan al recogimiento, la conversión y la renovación interior para prepararnos a celebrar los grandes misterios de Cristo.

¿Por qué la Cuaresma es una preparación para el Triduo Pascual?

La Cuaresma nos conduce hacia el Triduo Pascual —Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo—, donde la Iglesia revive la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Vivir bien estos 40 días nos ayuda a llegar a la Vigilia Pascual con un corazón más purificado y dispuesto a recibir las gracias de la Pascua.

¿Cuáles son los consejos de San Juan Bosco para vivir la Cuaresma?

San Juan Bosco recomendaba propósitos concretos y prácticos: ayunar no solo con el cuerpo sino también con los sentidos (ojos, oídos y lengua), practicar pequeñas mortificaciones diarias, evitar el mal ejemplo, vivir la caridad fraterna y fortalecer la vida sacramental mediante la confesión y la comunión frecuente.

¿Qué significa que la Cuaresma es un combate espiritual?

Significa que durante estos 40 días imitamos a Cristo en el desierto, luchando contra nuestras debilidades y tentaciones. No se trata solo de evitar el pecado, sino de crecer en virtud, purificarnos interiormente y fortalecer nuestra unión con Dios.

¿Cómo se vive concretamente el amor a Dios durante la Cuaresma?

El amor a Dios se manifiesta en la oración, el sacrificio y la fidelidad a su voluntad, pero también en el amor concreto al prójimo. Al practicar la paciencia, evitar juicios y ofrecer nuestros pequeños padecimientos, nos unimos a la Pasión de Cristo y colaboramos espiritualmente en la salvación de las almas.