3 Imágenes de la Divina Misericordia

por | Fiestas Litúrgicas

La Fiesta de la Divina Misericordia se celebra cada segundo Domingo de Pascua. En ese día la liturgia conmemora las apariciones del Señor Resucitado a los apóstoles — con Tomás presente, narrada en Juan 20, 19-31 — y el primer acto misericordioso de Cristo resucitado: soplar sobre sus discípulos y entregarles el poder de perdonar los pecados. Es el domingo en que la Iglesia proclama que la Resurrección no es solo una victoria sobre la muerte, sino el inicio de la misericordia derramada sobre el mundo y manifestada, principalmente, por medio de la Reconciliación. En este día se conmemora la institución de este sacramento:

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Esta fiesta fue instituida para toda la Iglesia universal por San Juan Pablo II el 30 de abril del año 2000, en la canonización de Santa Faustina Kowalska, la religiosa polaca a quien Jesús confió el mensaje de la Divina Misericordia en la década de 1930. En su encíclica Dives in Misericordia el Santo Padre escribió:

«En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros»

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es infinitamente Misericordioso y nos ama a todos. Así lo reveló Jesús a la santa:

«y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia» (Diario, 723).

En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones:

«porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil» (Diario, 742).

Para que esta Fiesta se extendiera por todo el mundo, el Señor prometió conceder una indulgencia plenaria, equivalente al efecto del Bautismo, por la cual se borra toda la culpa y la pena por los pecados cometidos. Siguiendo este pedido del Señor, la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos dispuso:

«Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia Divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, «Jesús misericordioso, confío en ti»)». 

También, Jesús indicó a Santa Faustina que se pintara una imagen de la Divina Misericordia para el culto. Descubre en este post la historia de la imagen, el significado de sus elementos y los tres cuadros que marcaron el origen de esta devoción.

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Las Revelaciones de Santa Faustina

Todo comienza en la noche del 22 de febrero de 1931. Santa Faustina estaba en su celda del convento de Płock, en Polonia. En su Diario dejó escrito lo que vio:

Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. El Señor me dijo: «Pinta una imagen según el modelo que ves y firma: «Jesús, en Ti confío». Deseo que esta imagen sea venerada primero en tu capilla y en el mundo entero».

Santa Faustina no era pintora. Pero tenía un confesor: el Beato Padre Miguel Sopocko, sacerdote y profesor de teología en la Universidad de Vilna. Y Sopocko conocía a alguien que sí podía pintar.

Divina Misericordia: Imagen

El primer cuadro: Kazimirowski y las lágrimas de Santa Faustina

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Por Eugene Kazimierowski – cisza2.krakow.dominikanie.pl, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9049047

Tras la revelación de 1931, Faustina pidió al artista Eugenio Kazimirowski que realizara el cuadro. Este lo hizo siguiendo sus indicaciones y lo terminó en 1934.

Kazimirowski no era un pintor cualquiera. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cracovia, especializado en Múnich, París y Roma, era uno de los retratistas más reconocidos de Polonia. Dada su fama como artista de la corriente realista y su amistad con el padre Sopocko, este le confió la realización de la primera imagen. Faustina visitaba el taller al menos una vez a la semana para guiar el trabajo.

Pero cuando vio el cuadro terminado, lloró. Así lo relata en su diario:

«Una vez, cuando estaba en el taller de aquel pintor que pintaba esa imagen, vi que no era tan bella como es Jesús. Me afligí mucho por eso. Fui a la capilla y lloré muchísimo. ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres?»

La respuesta que recibió es una de las claves para entender toda la devoción. Jesús le dijo:

«No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia».

En 1935, durante las celebraciones de clausura del Año de Jubileo de la Redención del Mundo, la imagen fue trasladada a Ostra Brama y ubicada en lo alto de un ventanal para que se viera desde lejos, desde el 26 hasta el 28 de abril de 1935. Era la primera vez que el mundo veía la imagen de la Divina Misericordia.

Esta pintura se conserva actualmente en la iglesia de la Santísima Trinidad en Vilna, Lituania. Es la más fiel a las indicaciones directas de la santa.

El segundo cuadro: Batowski y dos pinturas

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By Chrisiek at pl.wikipedia, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8386762

El segundo cuadro fue hecho por encargo de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en 1942, obra del pintor Estanislao Batowski. Sin embargo, durante el Alzamiento de Varsovia, la capilla y la imagen fueron consumidas por el fuego. A pesar de ello, Batowski pintó una segunda imagen, que es la que se encuentra actualmente en el Santuario de la Divina Misericordia en Plock. 

El tercer cuadro: el voto de Adolfo Hyla

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Por Según Adolf Hyła – Archives of the Congregation of the Sisters of Our Lady of Mercy, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=117475300 

En medio de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, un pintor llamado Adolfo Hyla llegó a la casa de la Congregación en Cracovia con una propuesta inusual. Les dijo que quería regalarles un cuadro como voto por haberse salvado en la guerra. Las hermanas, quizá viéndolo como una señal, le dieron una estampa de la Divina Misericordia y las descripciones del diario de Santa Faustina.

El trabajo iniciado en noviembre de 1942 fue terminado en marzo de 1943 y bendecido con solemnidad en la capilla por el Padre Andrasz, confesor de Santa Faustina. En octubre de ese mismo año llegó también el cuadro de Batowski. Surgió entonces un problema: ¿cuál de las dos imágenes había de quedar en la capilla? El asunto fue solucionado por el Cardenal Adan Sapieha durante su inesperada visita. Al ver las dos imágenes dijo: «Dado que el señor Hyla ha pintado el cuadro como voto, que quede en la capilla de las hermanas».

El cuadro de Hyla era un poco grande para el altar. En 1954, el pintor repintó el lienzo, eliminando unos matorrales que había pintado y colocando a Jesús en un fondo oscuro, haciéndolo resaltar. Esta es la imagen que hoy conocemos y que se hizo famosa mundialmente, sobre todo por las gracias que sus fieles han recibido.

Hoy se encuentra en el Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia-Łagiewniki. Es la que reproduce la mayoría de las estampas, cuadros y réplicas que se encuentran en iglesias y hogares de todo el mundo.

Elementos de la Imagen de la Divina Misericordia

Cada detalle de la imagen tiene un significado revelado. Jesús le explicó a Santa Faustina en su Diario:

«Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas».

Y añadió algo que conecta la imagen directamente con la Pasión:

«Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de mi misericordia cuando mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza. Estos rayos protegen a las almas de la indignación de mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios». 

El rayo rojo simboliza la Sangre de Cristo — el sacramento de la Eucaristía. El rayo pálido el Agua —representa el sacramento del Bautismo. La imagen no es simplemente un retrato: es una síntesis visual de los dos grandes sacramentos que sostienen la vida de la Iglesia y que han brotado del costado abierto del Señor, tal como lo relata San Juan (Jn 19, 34).

Cristo viste una túnica blanca que expresa la pureza y también la resurrección del Señor en un cuerpo glorioso. La mano realiza un gesto de bendición como signo de misericordia para todo el mundo. Finalmente, la inscripción «Jesús, en Vos confío» es el acto de fe y confianza del fiel que abre las entrañas de la misericordia divina. 

Homilía de San Juan Pablo II en la canonización de Santa Faustina

1. «Confitemini Domino quoniam bonus, quoniam in saeculum misericordia eius«, «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia» (Sal 118, 1). Así canta la Iglesia en la octava de Pascua, casi recogiendo de labios de Cristo estas palabras del Salmo; de labios de Cristo resucitado, que en el Cenáculo da el gran anuncio de la misericordia divina y confía su ministerio a los Apóstoles:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. (…) Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos» (Jn 20, 21-23).

Antes de pronunciar estas palabras, Jesús muestra sus manos y su costado, es decir, señala las heridas de la Pasión, sobre todo la herida de su corazón, fuente de la que brota la gran ola de misericordia que se derrama sobre la humanidad. De ese corazón sor Faustina Kowalska, la beata que a partir de ahora llamaremos santa, verá salir dos haces de luz que iluminan el mundo:

«Estos dos haces ―le explicó un día Jesús mismo― representan la sangre y el agua» (Diario, Librería Editrice Vaticana, p. 132).

2. ¡Sangre y agua! Nuestro pensamiento va al testimonio del evangelista san Juan, quien, cuando un soldado traspasó con su lanza el costado de Cristo en el Calvario, vio salir «sangre y agua» (Jn 19, 34). Y si la sangre evoca el sacrificio de la cruz y el don eucarístico, el agua, en la simbología joánica, no sólo recuerda el bautismo, sino también el don del Espíritu Santo (cf. Jn 3, 5; 4, 14; 7, 37-39).

La misericordia divina llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado:

«Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona«, pedirá Jesús a sor Faustina (Diario, p. 374).

Cristo derrama esta misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y ¿acaso no es la misericordia un «segundo nombre» del amor (cf. Dives in misericordia, 7), entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón?

Hoy es verdaderamente grande mi alegría al proponer a toda la Iglesia, como don de Dios a nuestro tiempo, la vida y el testimonio de sor Faustina Kowalska. La divina Providencia unió completamente la vida de esta humilde hija de Polonia a la historia del siglo XX, el siglo que acaba de terminar. En efecto, entre la primera y la segunda guerra mundial, Cristo le confió su mensaje de misericordia. Quienes recuerdan, quienes fueron testigos y participaron en los hechos de aquellos años y en los horribles sufrimientos que produjeron a millones de hombres, saben bien cuán necesario era el mensaje de la misericordia.

Jesús dijo a sor Faustina:

«La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina» (Diario, p. 132).

A través de la obra de la religiosa polaca, este mensaje se ha vinculado para siempre al siglo XX, último del segundo milenio y puente hacia el tercero. No es un mensaje nuevo, pero se puede considerar un don de iluminación especial, que nos ayuda a revivir más intensamente el evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

3. ¿Qué nos depararán los próximos años? ¿Cómo será el futuro del hombre en la tierra? No podemos saberlo. Sin embargo, es cierto que, además de los nuevos progresos, no faltarán, por desgracia, experiencias dolorosas. Pero la luz de la misericordia divina, que el Señor quiso volver a entregar al mundo mediante el carisma de sor Faustina, iluminará el camino de los hombres del tercer milenio.

Pero, como sucedió con los Apóstoles, es necesario que también la humanidad de hoy acoja en el cenáculo de la historia a Cristo resucitado, que muestra las heridas de su crucifixión y repite: «Paz a vosotros». Es preciso que la humanidad se deje penetrar e impregnar por el Espíritu que Cristo resucitado le infunde. El Espíritu sana las heridas de nuestro corazón, derriba las barreras que nos separan de Dios y nos desunen entre nosotros, y nos devuelve la alegría del amor del Padre y la de la unidad fraterna.

4. Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de «domingo de la Misericordia divina». A través de las diversas lecturas, la liturgia parece trazar el camino de la misericordia que, a la vez que reconstruye la relación de cada uno con Dios, suscita también entre los hombres nuevas relaciones de solidaridad fraterna. Cristo nos enseñó que «el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a «usar misericordia» con los demás: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7)» (Dives in misericordia, 14). Y nos señaló, además, los múltiples caminos de la misericordia, que no sólo perdona los pecados, sino que también sale al encuentro de todas las necesidades de los hombres. Jesús se inclinó sobre todas las miserias humanas, tanto materiales como espirituales.

Su mensaje de misericordia sigue llegándonos a través del gesto de sus manos tendidas hacia el hombre que sufre. Así lo vio y lo anunció a los hombres de todos los continentes sor Faustina, que, escondida en su convento de Lagiewniki, en Cracovia, hizo de su existencia un canto a la misericordia: «Misericordias Domini in aeternum cantabo».

5. La canonización de sor Faustina tiene una elocuencia particular: con este acto quiero transmitir hoy este mensaje al nuevo milenio. Lo transmito a todos los hombres para que aprendan a conocer cada vez mejor el verdadero rostro de Dios y el verdadero rostro de los hermanos.

El amor a Dios y el amor a los hermanos son efectivamente inseparables, como nos lo ha recordado la primera carta del apóstol san Juan: «En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos» (1 Jn 5, 2). El Apóstol nos recuerda aquí la verdad del amor, indicándonos que su medida y su criterio radican en la observancia de los mandamientos.

En efecto, no es fácil amar con un amor profundo, constituido por una entrega auténtica de sí. Este amor se aprende sólo en la escuela de Dios, al calor de su caridad. Fijando nuestra mirada en él, sintonizándonos con su corazón de Padre, llegamos a ser capaces de mirar a nuestros hermanos con ojos nuevos, con una actitud de gratuidad y comunión, de generosidad y perdón. ¡Todo esto es misericordia!

En la medida en que la humanidad aprenda el secreto de esta mirada misericordiosa, será posible realizar el cuadro ideal propuesto por la primera lectura:

«En el grupo de los creyentes, todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía» (Hch 4, 32).

Aquí la misericordia del corazón se convirtió también en estilo de relaciones, en proyecto de comunidad y en comunión de bienes. Aquí florecieron las «obras de misericordia«, espirituales y corporales. Aquí la misericordia se transformó en hacerse concretamente «prójimo» de los hermanos más indigentes.

6. Sor Faustina Kowalska dejó escrito en su Diario:

«Experimento un dolor tremendo cuando observo los sufrimientos del prójimo. Todos los dolores del prójimo repercuten en mi corazón; llevo en mi corazón sus angustias, de modo que me destruyen también físicamente. Desearía que todos los dolores recayeran sobre mí, para aliviar al prójimo» (p. 365).

¡Hasta ese punto de comunión lleva el amor cuando se mide según el amor a Dios!

En este amor debe inspirarse la humanidad hoy para afrontar la crisis de sentido, los desafíos de las necesidades más diversas y, sobre todo, la exigencia de salvaguardar la dignidad de toda persona humana. Así, el mensaje de la misericordia divina es, implícitamente, también un mensaje sobre el valor de todo hombre. Toda persona es valiosa a los ojos de Dios, Cristo dio su vida por cada uno, y a todos el Padre concede su Espíritu y ofrece el acceso a su intimidad.

7. Este mensaje consolador se dirige sobre todo a quienes, afligidos por una prueba particularmente dura o abrumados por el peso de los pecados cometidos, han perdido la confianza en la vida y han sentido la tentación de caer en la desesperación. A ellos se presenta el rostro dulce de Cristo y hasta ellos llegan los haces de luz que parten de su corazón e iluminan, calientan, señalan el camino e infunden esperanza. ¡A cuántas almas ha consolado ya la invocación «Jesús, en ti confío», que la Providencia sugirió a través de sor Faustina! Este sencillo acto de abandono a Jesús disipa las nubes más densas e introduce un rayo de luz en la vida de cada uno.

8. «Misericordias Domini in aeternum cantabo» (Sal 89, 2). A la voz de María santísima, la «Madre de la misericordia», a la voz de esta nueva santa, que en la Jerusalén celestial canta la misericordia junto con todos los amigos de Dios, unamos también nosotros, Iglesia peregrina, nuestra voz.

Y tú, Faustina, don de Dios a nuestro tiempo, don de la tierra de Polonia a toda la Iglesia, concédenos percibir la profundidad de la misericordia divina, ayúdanos a experimentarla en nuestra vida y a testimoniarla a nuestros hermanos. Que tu mensaje de luz y esperanza se difunda por todo el mundo, mueva a los pecadores a la conversión, elimine las rivalidades y los odios, y abra a los hombres y las naciones a la práctica de la fraternidad. Hoy, nosotros, fijando, juntamente contigo, nuestra mirada en el rostro de Cristo resucitado, hacemos nuestra tu oración de abandono confiado y decimos con firme esperanza: «Cristo, Jesús, en ti confío».

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¿Qué se celebra el II Domingo de Pascua?

El II Domingo de Pascua se celebra la Fiesta de la Divina Misericordia. 

¿Qué representa la imagen de la Divina Misericordia?

Representa la visión que tuvo Santa Faustina Kowalska el 22 de febrero de 1931, en la que Jesús se le apareció con una túnica blanca, la mano derecha levantada en señal de bendición y dos rayos brotando de su pecho: uno rojo, que simboliza la Sangre de Cristo y la Eucaristía, y uno pálido, que simboliza el Agua que justifica las almas y el Bautismo. La inscripción «Jesús, en Ti confío» es la oración que Jesús mismo pidió que acompañara la imagen.

¿Cuántas versiones de la imagen de la Divina Misericordia existen?

Existen tres imágenes históricas principales: la de Eugenio Kazimirowski (1934), pintada bajo la dirección directa de Santa Faustina en Vilna; la de Estanislao Batowski (1942), destruida durante el Alzamiento de Varsovia; y la de Adolfo Hyla (1943), pintada como voto de gratitud por haber sobrevivido a la guerra y hoy la más difundida en el mundo.

¿Dónde está el cuadro original de la Divina Misericordia?

La primera imagen pintada bajo la supervisión directa de Santa Faustina, obra de Eugenio Kazimirowski (1934), se conserva actualmente en la iglesia de la Santísima Trinidad en Vilna, Lituania. La imagen más venerada mundialmente, obra de Adolfo Hyla, se encuentra en el Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia-Łagiewniki, Polonia. Si quieres visitar estos santuarios puedes consultar los horarios en la app Horarios de Misa.

¿Qué significa "Jesús, en Ti confío"?

Es la inscripción que el propio Jesús pidió que acompañara la imagen en la visión de Santa Faustina. Expresa la actitud fundamental de quien se acerca a la Divina Misericordia: no la confianza en los propios méritos, sino la entrega total a la misericordia de Dios. Según las palabras recogidas en el Diario de Faustina, Jesús prometió que el alma que venerara esta imagen con esa confianza no perecería.

¿Qué es y cuánto dura el Tiempo Pascual?

El Tiempo Pascual es el período de alegría que sigue a la Resurrección. Dura 50 días, comenzando el Domingo de Pascua y concluyendo el Domingo de Pentecostés (cuando se celebra la venida del Espíritu Santo). Estos cincuenta días se celebran con exultación como si fueran un solo y único día festivo, un «gran domingo». Los primeros ocho días de este tiempo forman la Octava de Pascua, donde cada jornada se vive con el mismo rango y solemnidad que el Domingo de Resurrección.

¿Dónde puedo encontrar Misas del Domingo de la Divina Misericordia cerca de mí?

La app Horarios de Misa permite ubicar iglesias católicas cercanas y consultar horarios de Misa, confesión y adoración en tiempo real. 

¿Cuándo se celebra el Domingo de la Divina Misericordia 2026?

En 2026, el Domingo de la Divina Misericordia se celebrará el 12 de abril